Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.(Lucas 10:19)
Dios no nos creó para vivir en miedo, debilidad o derrota. En Cristo, se nos da autoridad para enfrentar cualquier adversidad y triunfar sobre las obras de las tinieblas.
El enemigo puede tratar de intimidarnos, pero la Palabra de Dios nos asegura que ¡mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo!
La autoridad que Jesús nos dio no se basa en nuestra fuerza, sino en el poder de su nombre. Cuando caminamos en obediencia y fe, el cielo nos apoya. No somos víctimas de las circunstancias: ¡somos embajadores del reino! Cuando declaramos la Palabra, los cielos se mueven, las cadenas se rompen y ocurren milagros.
El poder del Espíritu Santo habita dentro de nosotros. Esto significa que no solo tenemos autoridad sobre el enemigo, sino que también se nos ha dado el poder para cumplir nuestra misión en la Tierra. Si Dios nos llamó, ¡nos dio poder! No importa el desafío, su gracia es suficiente y su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9).
Fuimos creados para ejercer dominio. Génesis 1:28 dice que Dios nos hizo para gobernar y ser fructíferos. Esto no significa dominio sobre las personas, sino sobre las situaciones de la vida, sobre el miedo, la ansiedad y todo intento del enemigo de paralizarnos.
¡Hoy, levántate con confianza! La autoridad, el poder y el dominio están en tus manos, porque Cristo vive en ti. ¡Declara la Palabra, echa fuera la duda y avanza hacia todo lo que Dios tiene para tu vida!
NO ERES DÉBIL: ¡ERES HIJO DEL DIOS TODOPODEROSO!
Ejercita tu autoridad en Cristo: declara la Palabra, rechaza la duda y enfrenta los desafíos con fe, sabiendo que Dios ya te ha dado la victoria sobre el enemigo..