No Confundas los Desafíos con Derrotas

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33) En la vida es común enfrentar momentos en los que todo parece desmoronarse. Las puertas se cierran, soplan vientos contrarios y el alma se siente abatida. En momentos así, muchos confunden el desafío con la derrota. Pero es importante entender que el desafío es una parte esencial del crecimiento, no el final del viaje. Los desafíos nos moldean, nos fortalecen y nos acercan a Dios. Nos enseñan a confiar más, a orar con más fervor y a depender completamente de la gracia de Dios. Cuando David se enfrentó a Goliat, fue un desafío, no una derrota. Cuando José fue vendido por sus hermanos y arrojado a la cárcel, fue un proceso, no el final de la historia. Dios nunca prometió una ausencia de luchas, pero garantizó su presencia constante en medio de ellas. Él convierte el desierto en un camino y el dolor en un propósito. Si hoy estás enfrentando algo difícil, no te dejes llevar por la tristeza como si hubieras perdido. Mantente firme en la fe, porque lo que parece una derrota puede ser el preámbulo para un gran testimonio. Tu historia continúa escribiéndose. Dios no ha terminado de trabajar en ti. El desafío que hoy parece insoportable mañana será motivo de elogio..

Orando por los Hermanos

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Hermanos, oren también por nosotros.
1 Tesalonicenses 5:25.
No somos autosuficientes. Dependemos de Dios y necesitamos ayuda los unos de los otros. La vida cristiana es así, no podemos conquistar mucho solos. Hay momentos en los que necesitamos ayuda y ahí está la importancia de tener comunión y mantenernos cerca de los demás. Un amigo de verdad está al lado en las batallas en oración y no solamente en los tiempos de celebración.
Pedir oración es un ejercicio de humildad. Es reconocer que no se conquista nada solo. Aceptar una mano extendida no nos convierte en inferiores. Recibir ayuda forma parte de la victoria, no de la derrota. Hasta el apóstol Pablo - que escribió más de la mitad del Nuevo Testamento - pedía constantemente a los hermanos que le auxiliaran en oración. Pablo sabía cuán importante era "pelear la buena batalla" juntos, tanto orando por el crecimiento espiritual de los hermanos como recibiendo la oración de la iglesia. Orar los unos por los otros mantiene el cuerpo de Cristo unido y nos hace caminar rumbo a la misma meta..

El Amor danza en el Viento

 Tomado de: Poeta enamorado de la Luna

Por María Lozano

El amor danza en el viento con
pasos suaves y ligeros, como
hojas que se dejan llevar por
el destino con cada suspiro
con cada mirada.
Nuestros corazones laten al
ritmo del amor, que se siente
en el viento como un baile que
nos lleva a un ritmo, divino el
viento, nos envuelve y nos lleva.
A un abrazo dónde el Amor
es melodía y nos hace sentir
enamorados, el amor se
transforma en un baile de
amor el viento
Transforma nuestros cuerpos
que se encuentran en un abrazo
nuestros labios se besan en un
beso eterno que no se puede
contener..

El Obstáculo del Orgullo

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Por eso les digo: todo lo que pidan en oración, crean que ya lo han recibido, y les será concedido. Y cuando estén orando, si tienen algún resentimiento hacia alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en los cielos les perdone a ustedes sus pecados. Marcos 11:24-25.
Lo que Jesús dice es que el mayor obstáculo para tener fe en Dios es el orgullo, el orgullo que se niega a perdonar. Es como una montaña que ocupa toda tu vida. Solo ves esa gran montaña que se cierne ante ti, y está bloqueando la vida de Dios en tu vida. Tienes el poder de quitarla si, al orar, perdonas a quienes te han ofendido. Porque lo único que nos impide perdonarnos unos a otros es el orgullo. Nos sentimos justificados al querer que los demás nos perdonen, pero también al sentir que debemos cobrar un precio por el daño que nos han causado. Así que, de muchas maneras —sutilmente o de forma directa y abierta— insistimos en que no perdonaremos, que quienes nos ofenden deben pagar por lo que nos han hecho. De alguna manera, vamos a hacer que se arrastren, que supliquen o imploren perdón. Y esa, dice Jesús, es una gran montaña que hay que quitar, porque está bloqueando el flujo de la vida de Dios hacia tu fe. Así que, cuando te pongas de pie y ores, la vida fluirá de Dios cuando reconozcas que tú también necesitas perdón. Dios te ha perdonado. Dios te lo ha ofrecido gratuitamente; concédelo con la misma generosidad a quien te ha ofendido.
Tras muchos años de ministerio, puedo citar innumerables pruebas que esto es cierto. Lo que más parece obstaculizar el fluir de la vida de Dios hacia una persona, una iglesia o una nación es la falta de voluntad para perdonar, el rencor, el deseo de menospreciar a alguien para sentirse bien uno mismo, la negativa a dejar de lado estas cosas y no permitir que Dios sane todas las heridas de la vida.
Por eso Jesús hace hincapié en esto. ¿No es asombroso? La nación de Israel perdió su existencia porque no perdonó a los gentiles, a los romanos, que la habían ofendido y afligido. En cambio, se envolvió en su autosuficiencia y, con orgullo, miró a Dios diciendo: «Gracias a Dios no soy como ellos». Dios dice que eso es lo que acaba con la vida de una nación. Eso es lo que acaba con la vida de una iglesia. Y eso es lo que acaba con la vida espiritual de una persona, pues la aísla..

Ciudadanía del Reino

Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Mateo 25.31-46.
Este mes, los estadounidenses celebran la independencia de su nación. Las banderas ondean, las familias se reúnen y los fuegos artificiales llenan el cielo nocturno. Hacen esto para demostrar su aprecio por su ciudadanía norteamericana, y para honrar a quienes se sacrificaron para darles la libertad que tienen. Pero hay una ciudadanía que trasciende todas las fronteras nacionales.
No importa donde esté ahora mismo, si cree en Cristo, tanto usted como yo somos conciudadanos del reino de Dios. La palabra reino denota poder o dominio sobre una región o un pueblo. Por lo tanto, el reino de Dios se refiere al gobierno y a la autoridad total del Señor. Aunque es verdad que Él reina en los corazones de sus seguidores aquí en la Tierra, no debemos olvidar que el término también se refiere a su soberanía en el cielo.
El Señor Jesús está en este momento sentado a la diestra del Padre en el cielo, pero el pasaje de hoy señala un momento en el que regresará a la Tierra para sentarse en su trono glorioso y reinar sobre el mundo entero. Él vencerá a todos sus enemigos, destruirá a los impíos y dará la bienvenida a los justos a su reino glorioso. Y como ciudadanos del reino, gobernaremos juntamente con Él (Ap 3.21)..

"Confortada nuestra Alma por el Espíritu de Gracia"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano


Padre, gracias por la revelación que has dejado de tu Ser en tu Palabra; resulta maravilloso y alentador para nuestra alma escuchar que en ella dice que eres lento para la ira y grande en misericordia; gracias por tu inagotable gracia en Jesucristo que así como está lejos el oriente del occidente, has hecho alejar de nosotros nuestras rebeliones, gracias Señor, amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” Hebreos 10:10.
*Reflexiona*
Como seres humanos manchados por el pecado, más frecuentemente de lo que imaginamos, cometemos pecado, fallamos en el intento de dar en el blanco de la perfección divina; y es un hecho que nos avergüenza, nos desmotiva y muchas veces sin ser tan conscientes de ello, nos lleva a tomar distancia con nuestro Dios, es decir, a pretender alejarnos o escondernos de Su presencia. Sin embargo, esto es tan imposible como equivocado, pues somos templo del Dios viviente y realmente nuestros méritos o nuestras fallas no son nunca la condición para merecer estar delante de nuestro Dios, porque nuestro único camino es su Hijo Jesucristo.
Amados, el Espíritu de gracia, el Espíritu de Cristo nos recuerda hoy que en la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, la cual se presentó una vez y para siempre, nosotros hemos sido, somos y seremos eternamente santificados. Lo que, en efecto, como continúa la lectura de Hebreos 10, hace que tengamos libertad para entrar continua y confiadamente en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo. El temor a ser rechazados, acusados o severamente castigados debe desaparecer de nuestra mente, porque lo que se nos revela en Hebreos 4:16 es algo totalmente diferente, pues dice que nuestro Padre Dios nos está esperando en un trono, no de ira, sino de gracia, al cual siempre nos invita para que recibamos de su misericordia y bondad inmerecida.
Hermanos, es muy importante que entendamos y meditemos en la gracia y la misericordia de Dios para que nuestra mente la tenga presente; pero lo más importante que debemos recordar es que ésta solo se hace verdad en nuestra vida, cuando pasamos del razonamiento intelectual a la intimidad espiritual, pues solo ahí, en su Presencia, el poder del Espíritu de gracia confortará nuestra alma.
Te bendigo en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Un fuerte abrazo.



Un nuevo Hombre y un nuevo Nombre

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Después fue Bernabé a Tarso en busca de Saulo; y cuando lo halló, lo llevó a Antioquía. Se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. (Hechos 11:25-26)
Todo lo excelente siempre ocurre en el tiempo del Señor. Han pasado como diez años desde la última vez que supimos de Pablo reunido con los apóstoles en Jerusalén. Hace diez años que salió de la ciudad santa con su rabo entre las piernas y fue a Tarso, su ciudad natal, derrotado, confundido y desilusionado, porque había estado intentando servir a Dios en su propia fuerza, capacidad y fervor entusiasta. Todavía no había aprendido el proceso de dependencia del Espíritu Santo que tuvo Jesús en su vida intima. Pero en esos diez años ha aprendido mucho. No estaba totalmente ocioso, como nos dice en Gálatas. Predicaba la palabra a través de las regiones de Siria y de Cilicia, el área alrededor de Tarso. Estaba siendo guiado a reenfocar las Escrituras en Jesucristo y comienza a tener revelación de lo que estaba oculto del Señor para el mundo: La iglesia de Jesucristo.
Pero además había descubierto para sí mismo el mayor de los tesoros secretos. Había comprendido que lo que había considerado como sus credenciales para el ejercicio de su actividad, todo en lo cual había confiado y con lo que había contado antes como útil en su vida, ―su herencia judía, su ortodoxia, su moralidad, su fervor― todo era un gran estorbo. Había aprendido que estas cualidades no eran las que te hacen un trabajador efectivo para Jesucristo, sino que lo único efectivo es estar bajo la dependencia del Señor, quien obra en nosotros y hace la diferencia. Como nos dice en Filipenses 3:8, aprendió a contar todas estas otras cosas como “basura, para ganar la revelación de Cristo”.
Cuando había aprendido eso, el Señor le mandó a Bernabé a encontrarle en Tarso. Dios sabía su dirección de residencia todo el tiempo. Bernabé no la tenía; tuvo que buscarle. Cuando le encontró, le trajo a Antioquía, listo para comenzar su ministerio mundial. Ese maravilloso ministerio del apóstol Pablo que sacudió al mundo antigua y ha cambiado el curso de la historia humana repetidas veces hasta nuestros días..

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