Vive Feliz de la Vida

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

No te hagas amigo de gente violenta,
ni te juntes con los iracundos, no sea que aprendas sus malas costumbres y tú mismo caigas en la trampa. (Proverbios 22:24-25) Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! (Filipenses 4:4) ¡El pueblo de Dios es, o debería ser, el pueblo más feliz de la tierra! No porque la vida con Jesús sea un mar de rosas o porque todo nos salga siempre bien, sino porque Jesucristo es nuestra alegría, fuente de esperanza y paz. Él es la razón de nuestra existencia. También tenemos la certeza de que él nos cuida y nos ama incondicionalmente. Por todo eso, tenemos motivos de sobra para estar alegres. No te dejes influenciar negativamente. Tu alegría no debe estar condicionada por los problemas o dificultades. Todo lo que Jesús ya hizo es suficiente para motivar nuestro sentido del humor diariamente. Cristo se entregó por amor, permitiéndonos vivir una nueva vida con esperanza y alegría. Alégrate en Dios Recuerda todas las mañanas lo que Jesús ha hecho en tu vida. ¡Él te ama con amor eterno! Da gracias por la salvación, el perdón, la transformación y la liberación que Dios ha traído a tu vida. Lee la Biblia y llena tu corazón de satisfacción verdadera a través de la Palabra de Dios..

¿Qué se Requiere para Obedecer?

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Lea: Juan 14:21-26
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. (Juan 14:21)
El leer esto: “Obedecedme y me amaréis”, produce un cristianismo mecánico y árido, sin calor ni gozo o gloria alguna. Pero lo que Jesús dice es: “Si me amáis, me obedeceréis”. Esto es algo fácil de hacer; no es difícil. Fíjese usted en que no dice: “Si me amáis, tendréis que guardar mis mandamientos”. No, es causa y efecto: “Si me amáis, el resultado será que guardaréis mis mandamientos”. Ese es el secreto de todo comportamiento apropiado en la experiencia cristiana. La prueba de nuestro amor es la obediencia.
Si se requiere el amor para obedecer, ¿qué es lo que produce el amor? Esa es la cuestión. Si ve usted a un cristiano desobedeciendo a Cristo o si se siente usted tentado a desobedecer, ¿qué es lo que hará que usted se dé la vuelta y hará que obedezca usted? Es el amor, y ¿cómo produce usted el amor? ¿Qué es lo que hará que le ame usted? Eso es lo que une el versículo 20 con el 21. Es ese secreto básico de nuestra identidad que crea el amor: el Espíritu en nosotros, liberando en nosotros el amor de Jesús y despertando al mismo tiempo nuestro amor hacia Él.
Recuerde usted cómo lo expresa Juan en su primera epístola: “Nosotros lo amamos a él porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). El recordar esto despierta el amor, o, como lo expresa Pablo en Romanos 5: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (v. 5). Por lo tanto, la manera de producir amor es recordar quién es usted, a quién le pertenece usted y quién es Él, Su muerte, Su resurrección y Su unidad con usted, el hecho de que Él mora en su vida. No puede recordarse usted esto sin experimentar un sentimiento renovado de Su amor y sentir gratitud hacia Él por ser quien es y lo que Él ha hecho en su vida. Cuando ese amor empiece a fluir, entonces usted se sentirá motivado a obedecer..

"El Amor, la Gloria de la Comunión"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

*Por favor ora conmigo*
Espíritu Santo, te pido que me lleves a experimentar la verdadera comunión, pues mi anhelo es manifestar ese gran amor que has derramado en mi corazón, para así reflejar mejor tu Gloria. Amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto”. Colosenses 3:14.
*Reflexiona*
La comunión que por gracia recibimos al creer en Jesucristo (2 Corintios 13:14), nos une a Él, nos vuelve uno con Él y con el Padre, pues al recibir a Jesús como Señor y Salvador, se nos da su Santo Espíritu, quien viene a morar en nosotros, quitando la soledad y llenándonos de su amor como declara Romanos 5:5b “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.
El amor de Dios, que es el vínculo perfecto, el ligamento, el principio unificador que nos entrelaza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, nos permite experimentar la unidad con Dios y con los demás creyentes, convirtiéndonos en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo, a través del cual podemos manifestar la Gloria de Dios.
Manifestar la Gloria de Dios es dejar ver en nosotros lo maravilloso de Dios: su amor, sus cualidades, sus atributos, lo que trae honra y honor a Él, lo cual, realmente es dejar vivir a Cristo y morir nosotros, morir a nuestros propios pensamientos egoístas, a nuestro sentir pecaminoso y a nuestro orgulloso actuar.
Para expresar esta Gloria extraordinaria de Dios es necesario vestirnos de amor, el amor de Dios, como dice Colosenses 13:14, es decir, dejar que la vida de Cristo se manifieste a través nuestro, pues sus Palabras y sus Actos revelan esa gloria de Dios que desborda de amor.
El apóstol Pablo nos enseña en Colosenses 3:16 que la palabra de Cristo debe morar o estar presente en abundancia en nuestra vida, por eso de manera práctica nos insta a enseñarnos y exhortarnos unos a otros en toda sabiduría, expresando con salmos e himnos y cánticos espirituales la gratitud interna de nuestro corazón..

Tú limítate a hacer lo más importante...

 Tomado de: Gabriel García Márquez

Letrarium

Por Maria Lozano

Querida mía… Cuando los años hayan pintado de plata tu cabello y la vida haya llenado tu corazón de historias.
no sientas la necesidad de enseñarles a todos cómo vivir. Aunque estés convencida de tener la razón, recuerda que tú también fuiste joven y que muchas veces solo aprendiste cuando la vida te permitió equivocarte.
No des consejos que nadie te pidió. No cargues problemas que no te pertenecen ni quieras evitarles a los que amas cada tropiezo del camino. Hay lecciones que solo el tiempo puede enseñar. Tú limítate a hacer lo más importante: amarlos mientras puedas.
No permitas que las quejas ocupen el lugar de la gratitud. Habrá días con dolores, con noticias que no te gusten y con cosas que ya no entenderás del mundo. Pero no dejes que eso robe la alegría de seguir despertando un día más.
No esperes que tus hijos te paguen todo lo que hiciste por ellos. El amor verdadero no lleva cuentas. Si un día te llaman para visitarte, disfrútalo. Si llegan con un abrazo, recíbelo como un regalo. Y si la vida los mantiene ocupados, no conviertas el silencio en resentimiento.
Cuando los nietos corran a tus brazos y te llamen “abuelita”, sonríe. No hay título más hermoso que aquel que nace del cariño. Ellos no recordarán cuántos años tenías, sino cómo los hacías sentir cuando estaban contigo..

Será Predicada Su Palabra...

 Tomado de: Palabra de Vida

Por María Lozano

Dios se interesa por todas las almas y nos da el privilegio a todos los que conocemos de El de trabajar en Su Santo nombre llevando las buenas noticias de salvación eterna en un reino lleno de luz, felicidad y regocijo en Su Santa presencia , Quien no quiere estar hay? Con su mensaje de amor nos invita a participar ,
• Romanos 10:18 Pero yo digo, ¿acaso nunca han oído? Ciertamente que sí: POR TODA LA TIERRA HA SALIDO SU VOZ, Y HASTA LOS CONFINES DEL MUNDO SUS PALABRAS.
• Colosenses 1:6 que ha llegado hasta vosotros. Así como en todo el mundo está dando fruto constantemente y creciendo, así lo ha estado haciendo también en vosotros, desde el día que oísteis y comprendisteis la gracia de Dios en verdad
• Colosenses 1:23 si en verdad permanecéis en la fe bien cimentados y constantes, sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, que fue proclamado a toda la creación debajo del cielo, y del cual yo, Pablo, fui hecho ministro.
• Apocalipsis 3:10 `Porque has guardado la palabra de mi perseverancia, yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que está por venir sobre todo el mundo para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra..

¡ Exalta al Señor con tus alabanzas!

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María  Lozano


Alaben al SEÑOR, porque es bueno: ¡Porque para siempre es su misericordia! (Salmo 136:1) En la lucha o en la alegría, nuestro llamado es el mismo: exaltar al Señor con nuestras alabanzas. La alabanza es más que una canción. Es una expresión viva de nuestra fe, una declaración de que Dios es soberano, sin importar las circunstancias. Cuando alabamos a Dios, algo poderoso sucede en nosotros. El desánimo se desvanece, las dudas se disipan y la presencia de Dios se hace más real. La alabanza nos recuerda quién es Dios: fiel, justo, amoroso, poderoso. Él es digno de todo nuestro reconocimiento, no solo cuando todo va bien, sino también cuando enfrentamos el valle de sombra de muerte. Exaltar al Señor con toda alabanza es un acto de entrega y confianza. Es decir con el corazón: «Señor, te adoro no por lo que haces, sino por quién eres». En medio del dolor, alaba. En un buen día, alaba. En cada etapa de tu vida, alza la voz y glorifica a aquel que nunca falla. La alabanza transforma el entorno. Abre puertas, fortalece la fe y allana el camino para los milagros. Cuando Pablo y Silas alabaron en prisión, las cadenas se soltaron. De igual manera, cuando decides alabar incluso en medio de las tribulaciones, las cadenas espirituales se rompen. Hoy, decide exaltar al Señor con toda tu alabanza. No reprimas tu adoración. Que tu vida cante la grandeza de Dios. Porque él es bueno y su misericordia es infinita..

"El Grito de Amor"

 Tomado de Alfonso De Caro

Por María Lozano

Señor, cuando estoy triste, cuando siento que no tiene sentido la vida, pero me recuerdas la cruz, viene a mi mente tu grito de amor y me lleno de tu amor, me despierto del sueño y voy a mi verdadera realidad, la plenitud de Jesús en mí. Que tu Espíritu me recuerde y revele ese sacrificio eterno, ese día, ese grito, que retumbe en mi corazón y me coloque nuevamente en tu voluntad, en Cristo Jesús, amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46.
*Reflexiona*
El grito del Señor Jesús en la cruz, o lo que la Escritura describe que “clamó a gran voz” es un instante que nos ha de recordar la gran aflicción que su alma sufrió, pero más conmovedor aún es el saber que su aflicción fue para nuestra redención, su alma afligida para que la nuestra fuese redimida (Isaías 53:10-11). Ese grito es el que se debe escuchar en nuestra conciencia espiritual y en toda la creación, pues fue un grito de amor, ese amor que todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:7). Jesús soportó el desamparo en la cruz para que tú y yo experimentemos su paz.
Hermanos, situaciones difíciles, momentos de gran dolor, pérdida, sufrimiento entrega o sacrificio, esos que quizás muchas veces experimentamos por nuestros hijos, o nuestros hermanos, padres, nuestra pareja o hasta por nuestros amigos, han de tener consuelo, esperanza y también fortaleza, en el dolor, entrega y sacrificio que Jesús padeció por nosotros en la cruz. Aquel grito debe retumbar en todo nuestro ser, pues nadie ha sufrido, ni sufrirá como Él, la copa de la ira Santa de Dios, para que nosotros fuésemos herederos de su amor..

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