Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
“La verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene. Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos”. 1 Timoteo 6:6-7 (NTV)
Dios está más interesado en tu carácter que en tu comodidad. Él no te dará cosas si no has aprendido el principio del contentamiento primero.
El contentamiento no es una falta de ambición. No es una falta de objetivos. El contentamiento significa que tu felicidad no depende de tus circunstancias.
¿Cómo eliminas el descontento? Eliminas la causa: comparar. Comparamos todo: Casas, jardines, automóviles, esposos y esposas, ropa, la educación de nuestros hijos...
Cada vez que comparas, te vas a sentir descontento. Tienes que aprender a dejar de compararte con los demás.
Pablo dice en Filipenses 4:12: “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias” (NVI). La satisfacción no viene naturalmente; es algo que tenemos que aprender. Si hacemos esto, Dios promete satisfacer todas nuestras necesidades financieras.
La Biblia dice, “La verdadera sumisión a Dios es una gran riqueza en sí misma cuando uno está contento con lo que tiene. Después de todo, no trajimos nada cuando vinimos a este mundo ni tampoco podremos llevarnos nada cuando lo dejemos” 1 Timoteo 6:6-7 (NTV).
Uno de los mayores secretos para aprender a estar contento es darse cuenta que realmente no tienes nada. ¡Todo está prestado por algunas décadas! No trajiste una sola cosa a este mundo, y tampoco vas a sacar nada de eso. Solo puedes usarlo mientras estás aquí en la tierra.
La Biblia llama a esto mayordomía. Eres el administrador o el responsable de lo que Dios te permite tener mientras estás aquí, pero en realidad no es tuyo. Cuando entiendes que solo eres un administrador de las bendiciones que Dios permite en tu vida y las sostienes con la mano abierta, no estarás nervioso de perderlas..