Dios, Nunca te Dejará ni te Abandonará

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes.
(Deuteronomio 31:8) Estas palabras se las dijo Moisés al joven Josué. Imagínate, ¡tener que liderar un pueblo en la conquista de una gran promesa! Solo con pensarlo nos damos cuenta de cuán grande era el desafío. Cuando Moisés le dijo estas palabras a Josué, quiso dejar bien claro que él no estaría solo: ¡el Señor mismo iría delante de él! En realidad, esas palabras más que una profecía eran un testimonio. Moisés era testimonio vivo de que Dios había estado al frente de su pueblo. Desde la salida de Egipto y hasta Canaán, el Señor no desamparó a su pueblo. Dios es fiel y cumple todo lo que dice, y fue con esa certeza que Moisés animó a Josué. El mismo Dios que los sacó de la esclavitud los guiaría hasta poseer la promesa. No tengas miedo, Dios nunca nos dejará. A veces miramos atrás y nos sentimos solos, pero en realidad Dios está ahí al frente nuestro. Al seguir sus pasos logramos avanzar. Dios no solo está con nosotros, sino que nos ayuda a seguir adelante confiados en sus promesas. No te desanimes, no tengas miedo, el mismo Señor irá delante de ti ÉL NUNCA TE DEJARÁ Esfuérzate en tener una mayor comunión con Dios. Quien lo busca lo encuentra. Lee la Biblia. Cuando conocemos las promesas y vemos lo que Dios ya ha hecho, nuestra fe aumenta y también la voluntad de seguir avanzando. Si tienes la sensación de estar solo, ora. Habla con Dios, tienes acceso a él a través de su Hijo Jesucristo..

Aliento de Vida

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano


«Amado Padre, gracias por ser el dador de vida; hoy te pido que el poder vivificante de tu Santo Espíritu avive el fuego de mi corazón, para poder disfrutar la vida en plenitud a la que me has llamado, por medio de la obra de Jesús a través de su resurrección. Que tu aliento de vida me levante de mi condición de desesperanza y muerte, para caminar nuevamente en comunión contigo. Lléname una vez más de tu Santo Espíritu, en el nombre de Jesús, amén.»
2. Lee la palabra de Dios
“Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová”. Ezequiel 37:5-6.
3. Reflexiona
Esta visión en Ezequiel fue dada a los judíos desfallecientes que estaban en cautiverio, para animarlos espiritualmente, porque Dios los iba a restaurar de su dispersión tan prolongada, anunciando de esta manera que Israel renacería como nación.
Ningún poder creado puede dar vida y restaurar de la manera que dice el pasaje de Ezequiel, solo Dios puede hacerlo. Aquí se describe que la piel y la carne cubrieron los huesos secos y luego se le dio una orden al viento que soplara sobre esos cuerpos para que revivieran. El viento en la Biblia es figura del Espíritu Santo y representa el poder vivificante. Solo Dios puede hacer que nos levantemos, cuando pone su aliento de vida dentro de nosotros para que volvamos a vivir.
Es lo mismo que expresó el Señor Jesús a Nicodemo en Juan 3:8 “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Nuestro amado Salvador habla de la necesidad de un nuevo nacimiento y de una regeneración; nacer de nuevo es el comienzo de una vida espiritual (Juan 3:5-6)..

Cómo ser Fuerte

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
2 Timoteo 2:1.
Lo primero que tiene usted que hacer cuando las cosas empiezan a desmoronarse a su alrededor, dice Pablo, es ser fuerte en la gracia que está en Cristo Jesús, que es el principio fundamental para ayudar a cualquier persona. Usted sólo puede pasar a otros lo que usted mismo ha recibido. El conocimiento mental no tiene valor alguno. Si usted sencillamente transmite un conocimiento de la verdad, enseñando a las personas las diferentes doctrinas del cristianismo, no ha hecho nada para ayudarlas. A menos que puedan ver que esta verdad le ha cambiado a usted la vida y le ha hecho que sea diferente, que habla usted acerca de la experiencia de haber sido transformado por la verdad que cree; solo así podrá ayudar a otras persona en la hora de peligro. Si desea fortalecer a otros, el consejo de Pablo es que comience por usted mismo.
Lo que fortalece es la gracia. Una cosa peculiar acerca de la gracia es que nunca está a disposición de las personas fuertes. Esto es lo que hace que resulte difícil para nosotros contar con ella a veces. Hoy en día nos vemos continuamente asaltados por una andanada de propaganda que nos enseña que la manera de ser fuertes es desarrollar alguna cualidad acerca de nosotros, algún poder oculto, alguna reserva de personalidad, algún derecho que debemos exigir. Pero si cree usted en la Biblia, estas enseñanzas son la manera de seguir siendo débiles, y ese resulta ser el caso. Sólo la gracia de Dios es suficientemente fuerte como para enfrentarse con las presiones de un mundo caído, pero la única manera en que puede usted aprovechar la gracia de Dios, es reconocer que es usted tan débil que no tiene ninguna otra cosa que le fortalezca..

La Deuda fue pagada con Amor....

 Tomado de: Palabra de Vida

Por María Lozano

La deuda que teníamos era imposible de pagar, pero nuestro Libertador murió por nosotros para cancelar esa deuda y darnos la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios. ¿Cómo no vivir agradecidos y en obediencia a nuestro Señor y Salvador Jesucristo?
• Romanos 4:25 el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.
• Romanos 14:7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo;
• Colosenses 3:17 Y todo lo que hagan o digan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, y por medio de él acérquense a la presencia de Dios con acción de gracias..

Cómo Examinarse a sí Mismo

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? (2 Corintios 13:5a).
Cuando vivimos desobedeciendo las normas cristianas, tenemos que preguntarnos: “¿Soy yo un verdadero cristiano o estoy siendo falso? ¿He nacido de nuevo o estoy sencillamente fingiendo serlo?”. Aquellos de nosotros que somos cristianos deberíamos hacernos ocasionalmente esta pregunta. Es una buena idea que te examines a ti mismo, especialmente si hay algún mal comportamiento en tu vida.
El sencillo hecho que el apóstol pudiera hacer una pregunta como esta, indica que una posible respuesta es lo que marca el auténtico cristianismo. Como es natural, un cristiano no es simplemente una persona que se une a una iglesia cristiana. Ni el adherirte a ciertas normas morales en tu vida, o el hecho que leas de una manera consistente la Biblia te convierte en cristiano. El verdadero cristiano es alguien en el cual mora Cristo. Y la persona en la que Cristo mora podrá mostrar cierta evidencia incontrovertible de este hecho que le ha sido concedido. Pablo está sugiriendo que nos preguntemos a nosotros mismos si poseemos la evidencia que Jesucristo está vivo en nosotros.
Tal vez te estés preguntando en este preciso momento: “¿Cómo puedo saber eso?”. La respuesta se encuentra en varios lugares en las Escrituras. Por ejemplo, las Escrituras hacen referencia a un testimonio “interior”. Pablo dice en Romanos: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, que somos hijos de Dios” (8:16). Esta es una manera de saberlo. Hay un testimonio interior, un sentimiento, una impresión en nuestro ser producido por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, quien genera el convencimiento que formamos parte de la gran familia de Dios.
Las Escrituras hablan también de deseos que surgen del corazón del nuevo cristiano. Primera de Pedro 2:2 dice: “y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, ya que habéis gustado la bondad del Señor”. Una de las señales de los creyentes nacidos de nuevo es que tienen una profunda y repentina sed de la Palabra de Dios, un hambre por ser alimentados, para conocer la verdad de Dios..

La Integridad Puesta a Prueba por el Fuego

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Amado Dios, me has revestido de Cristo para cubrirme de gracia y de tu amor, soy salvado del fuego, de las dificultades y las pruebas, porque tú caminas a mi lado, por lo tanto me mantengo firme en mi fe y descanso en ti, incluso cuando soy presionado por el mundo, pues mi integridad se basa en tus principios, promesas y en tu Palabra que ahora mora en mí. Amén
LEE LA PALABRA DE DIOS
“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Daniel 3:1.
“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”, Daniel 3:16-18.
REFLEXIONA
Nabucodonosor mandó a levantar una estatua de oro de 27 metros, edificada sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia, y manda a que todos, pueblos, naciones y lenguas, al oír música de distintos instrumentos, se postren y adoren esta estatua. Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo (Daniel 3:1, Daniel 3:4-6). Era un edicto en contra del primer y segundo mandamiento:
No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7.
No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10.
Sadrac, Mesac y Abed-nego, no adoraron la estatua de oro levantada por Nabucodonosor y fueron confrontados por el rey, pero su respuesta aún retumba en nuestros oídos: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Al escuchar esto, Nabucodonosor se llenó de ira y ordenó que fuesen amarrados, echados al horno de fuego que fue calentado 7 veces más de lo acostumbrado (Daniel 3:19).
Y luego de ser echados al fuego, pasó algo extraordinario: “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” (Daniel 3:24-25)
Poderosamente fueron salvados; su fe en Dios, independiente de las circunstancias, muestra el más elevado concepto de negarse así mismo para hacer la voluntad de Dios; esto lo evidencia una pequeña palabra de enlace en Daniel 3:18 —“Y si no”—.

Qué bonita Costumbre...

 Tomado de: Publicación de 1988

Por María Lozano

Qué bonito era recordar aquella época en la que ir a la escuela significaba mucho más que sentarse en un salón a recibir clases.

Los niños procuraban llevar su uniforme limpio, el cabello arreglado y aprendían desde pequeños que al maestro se le debía escuchar y tratar con respeto.
Eran costumbres sencillas, pero detrás de ellas había algo muy importante: disciplina, responsabilidad, educación y valores.
Con el paso de los años, muchas cosas han cambiado. Y aunque no todo lo de antes era perfecto, sí hay algunas enseñanzas que sería bonito recuperar.
Porque el respeto hacia un maestro no debería pasar de moda. Un uniforme limpio no debería verse como algo sin importancia. Aprender buenos modales y cuidar la presentación personal también puede ser parte de la formación de un niño.
La escuela no solamente forma estudiantes que aprenden materias. También contribuye a formar personas que sepan convivir, escuchar, respetar y asumir responsabilidades..
Quizás por eso, cuando recordamos aquellas épocas, no solamente extrañamos el uniforme o la manera de llevar el cabello. Extrañamos algunos de esos valores que acompañaban la educación y que hoy sentimos que se han ido perdiendo.
Recuperar esas buenas costumbres no significa vivir en el pasado. Significa conservar aquello que todavía puede aportar a la formación de las nuevas generaciones.

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