Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
Después fue Bernabé a Tarso en busca de Saulo; y cuando lo halló, lo llevó a Antioquía. Se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente. A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía. (Hechos 11:25-26)Todo lo excelente siempre ocurre en el tiempo del Señor. Han pasado como diez años desde la última vez que supimos de Pablo reunido con los apóstoles en Jerusalén. Hace diez años que salió de la ciudad santa con su rabo entre las piernas y fue a Tarso, su ciudad natal, derrotado, confundido y desilusionado, porque había estado intentando servir a Dios en su propia fuerza, capacidad y fervor entusiasta. Todavía no había aprendido el proceso de dependencia del Espíritu Santo que tuvo Jesús en su vida intima. Pero en esos diez años ha aprendido mucho. No estaba totalmente ocioso, como nos dice en Gálatas. Predicaba la palabra a través de las regiones de Siria y de Cilicia, el área alrededor de Tarso. Estaba siendo guiado a reenfocar las Escrituras en Jesucristo y comienza a tener revelación de lo que estaba oculto del Señor para el mundo: La iglesia de Jesucristo.
Pero además había descubierto para sí mismo el mayor de los tesoros secretos. Había comprendido que lo que había considerado como sus credenciales para el ejercicio de su actividad, todo en lo cual había confiado y con lo que había contado antes como útil en su vida, ―su herencia judía, su ortodoxia, su moralidad, su fervor― todo era un gran estorbo. Había aprendido que estas cualidades no eran las que te hacen un trabajador efectivo para Jesucristo, sino que lo único efectivo es estar bajo la dependencia del Señor, quien obra en nosotros y hace la diferencia. Como nos dice en Filipenses 3:8, aprendió a contar todas estas otras cosas como “basura, para ganar la revelación de Cristo”.
Cuando había aprendido eso, el Señor le mandó a Bernabé a encontrarle en Tarso. Dios sabía su dirección de residencia todo el tiempo. Bernabé no la tenía; tuvo que buscarle. Cuando le encontró, le trajo a Antioquía, listo para comenzar su ministerio mundial. Ese maravilloso ministerio del apóstol Pablo que sacudió al mundo antigua y ha cambiado el curso de la historia humana repetidas veces hasta nuestros días..