Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
Observe el lector lo bien colocadas que están las “obras” en el lugar donde deben estar. No se obtiene nada de Dios esforzándose para conseguirlo. Nunca merecemos nada más que el juicio de su mano. Si nos diera lo que merecemos, todos terminaríamos en el infierno. No, nosotros recibimos su gracia, su misericordia, su amor. Pero estos regalos dan como resultado las buenas obras. Ese es el propósito. Están diseñados para producir buenas obras. Y son una manifestación maravillosa del poder de Dios.
La palabra «obra» es, en realidad, «poema». Nosotros somos su poema. Quizás sería mejor decir: “Somos su obra maestra”. Dios está obrando en nuestras vidas una magnífica muestra de su sabiduría, su poder, su amor, su vida, su carácter, su paz y su alegría. Nos enseña, nos forma, nos guía, aplica la pintura en los lugares precisos, creando una maravillosa obra maestra para exhibir. Esto dará como resultado buenas obras: bondad, amor, misericordia, compasión, ayuda mutua y atención a las necesidades de los demás.
Pablo dice que Dios preparó estas obras de antemano.
Un hermano pastor nos contó una experiencia que tuvo al tener contacto con un misionero de la región amazónica de Sudamérica, que estaba desanimado y muy angustiado, a punto de abandonar el ministerio. Gracias a ese contacto que tuvo con el misionero, revivió y comenzó a ver de nuevo lo que Dios podía hacer. Vino al pastor con el rostro radiante y dijo: «Vuelvo a mi campo con una perspectiva completamente renovada. Ahora sé cómo obra Dios»..