Jesús Interviviene en Nuestro Sufrimiento

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores.
(Lucas 7:12-13)
Durante su ministerio terrenal, Jesús visitó diversas ciudades de Judea anunciando las buenas nuevas de salvación. Algunas veces él era bien recibido y otras veces no. Una vez, Jesús llegó a una ciudad que se encontraba de luto. Un gran cortejo fúnebre acompañaba a una mujer viuda llena de lágrimas, llorando la muerte de su único hijo. Aquella escena llamó la atención de Jesús: en medio de aquella gran multitud estaba una mujer sola que iba a enterrar la única familia que le quedaba.
Aquel hogar ya había sido alcanzado por el dolor y el sufrimiento con la pérdida precoz del marido y padre. La viuda, después de haberse visto sola cuidando de su hijo, volvía a sentir el dolor y el desamparo. Ahora sufría la terrible herida de ver la muerte de su hijo amado, del hijo que debía haber cuidado de ella en la vejez..

Humillaos Delante de Dios

 Tomado de: Palabra de Vida

Por María Lozano

Solo con humildad de corazón podremos entender estas palabras. Con razón nuestro Señor llamo a los mas humildes , no llamo a los que estaban en los palacios y en los templos, sino a los mas necesitados. Es un ejemplo para nosotros que solo humildemente podemos entender que necesitamos presentar a Dios nuestra debilidad y carencia de fe para que El nos guie cada momento
• 1 Samuel 2:7 El SEÑOR empobrece y enriquece; humilla y también exalta.
• 2 Crónicas 7:14 y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra..

El Dios de Paz

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Hebreos 13:20-21.
La humanidad posee grandes submarinos nucleares con los cuales los océanos pueden ser cruzados sin nunca subir a la superficie. El secreto de su tremendo poder reside en el reactor nuclear escondido en las profundidades del submarino. Esa fuerza extraordinaria no necesita ser reabastecida, sino que constantemente está produciendo energía, para que el submarino nunca tenga que ir a puerto para ser reabastecido. Así es la vida de un cristiano. En estos dos versículos está revelado el reactor nuclear para cada cristiano.
Fíjate en los elementos de esto: “Que el Dios de paz...”. En esta carta hemos visto lo que es la paz. El equivalente moderno más parecido es salud emocional. En Cristo estamos en contacto con el Dios de la salud emocional, el Dios que tiene la intención de que la vida sea vivida en un nivel pacífico. Con Él está ligado el Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas. Si eres de la ciudad, probablemente piensas que, si las dejas solas, vienen a casa ellas solas, meneando las colas. ¡Pero te aseguro que eso es una mentira! Hay dos características notables de las ovejas: No tienen ninguna sabiduría y no tienen armas. Están siempre escapándose y perdiéndose, y son incapaces de encontrar el camino de regreso; y si algo las ataca, están completamente indefensas para defenderse a sí mismas. Es por esto que necesitan un pastor. Es por eso que nosotros necesitamos un pastor, y la razón por la cual la Biblia nos compara con ovejas. Tenemos un gran Pastor de ovejas. Él es nuestro recurso, nuestra provisión ―un Dios que está preocupado por nosotros, y un gran Pastor que está ahí para vigilarnos―, porque no tenemos ninguna sabiduría y no tenemos ningunas armas para nuestra defensa.
Ligados con ellos está este gran proceso, el cual está expuesto aquí: “que resucitó de los muertos… por la sangre del pacto eterno”. Ahí tienes la cruz y la resurrección. La cruz significa el final de la vieja vida de auto-dependencia, y la resurrección produce el poder de la nueva vida. Ése es el poder que es liberado en el cristiano por Cristo, que mora en nosotros. Hablamos sobre la conquista del espacio exterior, pero la más grande conquista jamás hecha fue cuando el Señor Jesús conquistó el espacio interior al mudarse al corazón del hombre, para plantar en nosotros el más grande poder por el cual la vida puede ser vivida, un poder que sana y completa..

Las Lavanderas

 Tomado de: Jesús Moreiro Piriz

Por María Lozano

En la orilla de aquel río,
cuando despuntaba el alba,
lavanderas lavaban recuerdos
con sus manos delicadas.
Golpeaban sobre las piedras
las prendas de cada casa,
mientras las aguas del río
cantaban para animarlas.
Sus manos tañían historias,
sus ojos, sueños y calma;
entre el jabón, agua y viento
que hacían latir sus almas.
Hoy el río sigue cantando
con su voz dulce y clara,
pero busca entre las piedras
aquellas manos cansadas..

Si Estamos en Sequía Doblemos Rodillas

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Hoy vengo delante de ti, postrando mi corazón con humildad, reconociendo que tú eres Grande y Bueno y sabes de qué tengo necesidad antes que lo diga. Gracias Señor por la respuesta a mi sequía, confío en tus promesas, creo en tu Palabra que es revelada a mi corazón por tu Santo Espíritu. Quiero perseverar en oración hasta ver tu respuesta, trae conversión, sanidad, provisión y restauración a mi vida, a mi familia, a mi país, y a este mundo, en el Nombre de Jesús, amén.
Lee la Palabra de Dios “Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye. Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel. Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel”. 1 Reyes 18:41-46. Reflexiona Este pasaje nos muestra la importancia de orar con perseverancia y creyendo, porque el Dios creador tiene poder sobre todo lo que ha hecho. Vemos que una pequeña nube desata una gran lluvia. El pueblo de Israel estaba pasando por tres años y medio de una sequía que había devastado el país, literalmente la tierra estaba estéril y seca, ellos vivían de la agricultura, no había agua para regar cultivos y sin estos no había alimento. La situación era muy compleja. Nosotros también podemos ver que el mundo de hoy también está pasando por una sequía espiritual que lo está destruyendo, y aún como creyentes también podemos estar experimentando momentos difíciles que parecen sequías en nuestra vida. Pero, aquí el profeta Elías nos da una gran lección; en medio de esta crisis busca a Dios y Él le da una promesa que aparece registrada en 1 Reyes 18:1: “Pasados muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra”. Esto activa su fe, recordemos que nuestra fe crece cuando escuchamos la voz de Dios. Romanos 10:17 dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. El Señor le está diciendo a Elías que el tiempo de la sequía se va a acabar. En los momentos de dificultad preguntémonos: ¿cuánto escuchamos lo que el Espíritu Santo nos quiere decir? Porque a veces estamos tan enfrascados en los problemas que nos volvemos sordos a la voz del Señor, nos olvidamos de sus promesas, que ya son nuestras. Elías podía ver la tierra árida, el polvo que se levantaba con el viento, pero él creyó lo que Dios le dijo. Hoy aprendamos tres cosas de este profeta: 1- Debemos orar con humildad y creer lo que oímos en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo. “Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas”. 2- Perseveremos en la oración. “Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir:.

La Fe Crece Cuando la Usas

 Tomado de: Alfonso De Caro

María Lozano

Señor yo confío en ti, gracias por darme una medida de fe, permite que sea una fe creciente, una fe viva, que siempre descanse en tu voluntad. Gracias porque siempre estás conmigo, porque no me dejarás, ni desampararás. Tú sabes lo que necesito, tú obras en mi vida porque tu sabiduría es infinita, que mi fe crezca, madure y se consolide cimentada en tu Palabra, en la Roca inamovible que eres tú mi Jesús, amén.Lee la Palabra de Dios “Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote”. Marcos 5:25-29. Reflexiona Una semilla de fe es lo que Dios nos ha dado a cada uno para que podamos activarla creyendo en lo que Él dice en su Palabra. En Mateo 17:20 dice: “Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”. Necesitamos creer lo que el Señor ya dijo. Para ello debemos ser perseverantes en la oración, dejando a un lado toda duda, y no desistiendo hasta que veamos la respuesta. El Señor no está buscando lo perfecto, está buscando lo disponible. Lo que quizás hoy parece pequeño en tu vida será el punto de partida para un milagro grande. Trayendo nuestro pasaje de hoy, vemos que los médicos no habían tenido éxito en el caso de esta mujer, y ella había oído hablar de Jesús. Pero estaba enferma y haría lo que fuera para estar sana. El meterse entre la gente y confesarlo abiertamente era imposible, porque contaminaba a todos los que tocara, aunque fuera un roce mínimo; pero a pesar de todo decidió tratar de tocar la ropa de Jesús, en secreto. Cualquier judío devoto llevaba una ropa exterior con cuatro flecos, uno en cada extremo. Eran el emblema de todo judío piadoso. Fue uno de esos flecos lo que tocó la mujer escurriéndose entre la multitud; y en cuanto lo hizo sintió la emoción de saberse curada. Esta mujer vino a Jesús como su última esperanza; había probado todas las curas que el mundo pudiera ofrecer y no había obtenido resultados. Muchas personas, como esta mujer, vienen en busca de Jesús cuando están al borde de la desesperación. Esta mujer usó la poca fe que tenía para buscar su sanidad. Es importante entender que la fe tiene que crecer y madurar, y esto se logra con el tiempo, en nuestro caminar con Cristo. Pero, a Jesús le basta una pequeña fe, para obrar poderosamente en nuestra vida, porque Él es un Dios infinito, para el que nada es imposible. Por eso una fe pequeña es suficiente, porque no somos nosotros, sino el Dios grande y poderoso en quien nosotros depositamos esa fe. Eso fue lo que hizo aquella mujer, activó su poca fe, con lo que había oído de Jesús y rompió todos los obstáculos que se interponían para acercarse a Él, y se decía: “Si tocare tan solamente su manto, seré salva”; tan solo la acción de tocar un poco de su túnica cambió toda su historia para siempre. Veamos Marcos 5: 30-34 “Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto..

Acercándonos al Monte de Sión

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

No os habéis acercado al monte que se podía palpar y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,… Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos. Os habéis acercado a Dios, Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús, Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Hebreos 12:18, 22-24.
El escritor aquí está hablando de aquello que nos motiva en la vida cristiana. No hemos de ser motivados por el temor. No por la Ley y sus demandas sobre nosotros: “¡Haz esto, o verás!”. No por el esfuerzo propio, no por los dientes rechinantes y los puños cerrados y una determinación de que vamos a servir a Dios. Si servimos porque tenemos miedo, como atemorizó la Ley a Israel en esa terrible escena en el monte Sinaí, nos perderemos algo de Dios. No es el temor nuestra motivación; es la plenitud; es lo que Dios nos ha dado.
No os habéis acercado a este monte Sinaí, sino al monte Sión, el sitio de gracia: “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial”. Estás bajo un nuevo gobierno y “a ángeles”. Los ángeles son espíritus que ministran, mandados para ministrar a aquellos que han de ser herederos de la salvación, es decir, los cristianos. Y “a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”, esto es, aquellos que son nacidos en Cristo, compartiendo Su vida, con sus nombres “inscritos en los cielos”. “Os habéis acercado a Dios, Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”. Estos son santos del Antiguo Testamento, hombres y mujeres de Dios que vivieron y que nos están esperando ahora. “A Jesús, Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”. Un mediador no es alguien en los cielos, en algún sitio, en algún lugar distante del espacio; es el Cristo que mora en nosotros. Está disponible para nosotros. Está aquí mismo para ser nuestra fuerza, nuestra justicia, nuestra sabiduría, lo que sea que necesitemos. Cuando la sangre de Abel fue derramada, gimió por venganza, como nos dice el libro de Génesis, pero la sangre de Jesús no habló de venganza; habla de acceso, de vindicación, del hecho que no hay ningún problema entre nosotros y Dios que no se resuelva por Su sangre. Ya no hay ninguna cuestión de culpa. Podemos venir completamente aceptados en el Amado..

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