Por María Lozano
Nícolo Paganini, uno de los más grandes violinistas de todos los tiempos, en cierta ocasión se disponía a actuar en un teatro lleno de público que le recibió con una gran ovación.
Cuando levantó el arco para empezar a tocar el violín, se dio cuenta, consternado, que no era el suyo.
Para un músico como él, esto era inaudito y se sintió muy angustiado. No obstante, comprendió que no tenía otra alternativa que iniciar el concierto y comenzó a tocar.
Se cuenta que ese fue el mejor concierto de su vida; y una vez terminada la actuación, ya en su camerino, Paganini hablando con un músico compañero suyo, le hizo la siguiente reflexión:
- "Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos, creía que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mi, y que el violín sólo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás." -
Reflexión
¿Qué música está saliendo de nosotros?
Pablo nos describió como instrumentos de música, cuyos sonidos pueden dejar mucho que desear:
- “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” - (1 Cor 13.1-3 – RVR 1960)
No basta ser espiritualmente activos, sabios, serviciales o sacrificiales; sin amor todo suena muy mal.
Con frecuencia nuestros sonidos son inciertos e inseguros; y nuestra vida carece de propósito y significado porque simplemente nos dejamos tocar por manos inapropiadas.
Pablo habló del uso indebido del don de lenguas como instrumento inútil; pero no porque el don fuera malo o innecesario, sino porque en su mal uso había egoísmo, exaltación personal y mezquindad.
– “Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” – (1 Cor 14. 7,8 – RVR 1960)
¿Quién está tocando? ¿Qué manos son las que nos sacan sonidos?
Hay muchos de nosotros que parecemos tributar todo el tiempo sonidos de autocompasión y lástima; otros damos sonidos dolorosos de heridas no cerradas; hay quienes preferimos callar en un hermetismo absurdo; y hay quienes dejamos librados sones de carnalidad y sensualidad. Y la lista se hace larga, melodías que no deberían ser tocadas porque hay egoísmo, enojo, intolerancia, religiosidad y crueldad.
La Palabra dice que fuimos creados para emitir una melodía gloriosa:.
Cuando levantó el arco para empezar a tocar el violín, se dio cuenta, consternado, que no era el suyo.
Para un músico como él, esto era inaudito y se sintió muy angustiado. No obstante, comprendió que no tenía otra alternativa que iniciar el concierto y comenzó a tocar.
Se cuenta que ese fue el mejor concierto de su vida; y una vez terminada la actuación, ya en su camerino, Paganini hablando con un músico compañero suyo, le hizo la siguiente reflexión:
- "Hoy he aprendido la lección más importante de toda mi carrera. Hasta hace escasos momentos, creía que la música estaba en el violín, pero me he dado cuenta de que la música está en mi, y que el violín sólo es el instrumento por el cual mis melodías llegan a los demás." -
Reflexión
¿Qué música está saliendo de nosotros?
Pablo nos describió como instrumentos de música, cuyos sonidos pueden dejar mucho que desear:
- “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.” - (1 Cor 13.1-3 – RVR 1960)
No basta ser espiritualmente activos, sabios, serviciales o sacrificiales; sin amor todo suena muy mal.
Con frecuencia nuestros sonidos son inciertos e inseguros; y nuestra vida carece de propósito y significado porque simplemente nos dejamos tocar por manos inapropiadas.
Pablo habló del uso indebido del don de lenguas como instrumento inútil; pero no porque el don fuera malo o innecesario, sino porque en su mal uso había egoísmo, exaltación personal y mezquindad.
– “Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” – (1 Cor 14. 7,8 – RVR 1960)
¿Quién está tocando? ¿Qué manos son las que nos sacan sonidos?
Hay muchos de nosotros que parecemos tributar todo el tiempo sonidos de autocompasión y lástima; otros damos sonidos dolorosos de heridas no cerradas; hay quienes preferimos callar en un hermetismo absurdo; y hay quienes dejamos librados sones de carnalidad y sensualidad. Y la lista se hace larga, melodías que no deberían ser tocadas porque hay egoísmo, enojo, intolerancia, religiosidad y crueldad.
La Palabra dice que fuimos creados para emitir una melodía gloriosa:.
Si Jesús es la vacuna, la Biblia es el prospecto. En ella encontramos las indicaciones para lograr mantenernos saludables, día tras día.