Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
Porque sabemos, hermanos amados por Dios, que él los ha escogido, pues nuestro evangelio no llegó a ustedes solo con palabras, sino también con poder, con el Espíritu Santo y con profunda convicción. 1 Tesalonicenses 1:4-5ª
Así es como las personas cambian: los ídolos se desechan y comienza una nueva vida. Comienza con el amor de Dios. El mundo en general concibe a Dios como perpetuamente enojado con ellos. Pero Dios no ve a nuestra raza perdida de esa manera. Dios nos ve como víctimas, engañados y seducidos. Filosofías seductoras han ahogado nuestro amor y han cautivado y dominado nuestras mentes. Casi en total ignorancia, perseguimos cosas que nos destruyen. Aunque nunca lo pretendimos, la mayoría de nosotros hemos arruinado seriamente nuestras vidas. Pero entonces aprendemos la increíble verdad de que Dios nos ama, que entregó a su único Hijo por nosotros. Es en la cruz donde vemos el amor de Dios manifestado. Pablo lo afirma en Romanos: «Más Dios demostró su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8).
También en las Escrituras aprendemos que Dios nos ha elegido. ¿Cómo sabes que Dios te ha elegido? La respuesta es que empiezas a sentirte atraído hacia Dios, a experimentar un anhelo por Él. El llamado de Dios por medio del Espíritu despierta un hambre interior. Si anhelas ser diferente, si quieres ser más de lo que eres ahora, si has intentado cambiar y no puedes, si encuentras atractivas las palabras del evangelio, ¡estás siendo atraído por el Espíritu! Jesús dijo: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió» (Juan 6:44). Cuando las buenas nuevas llegaron a Tesalónica, la gente empezó a sentir el deseo de tener a este Jesús que transformaría sus vidas de manera tan trascendental. Respondieron al amor y así revelaron que habían sido elegidos por Dios.
Pablo continúa detallando los pasos necesarios para responder al llamado de Dios. Primero, nuestro evangelio no les llegó simplemente con palabras. Se predicaron las Escrituras y se proclamó la verdad. Es a través de la Palabra de Dios que hombres y mujeres despiertan y se acercan a Dios. El segundo factor en el llamado de Dios es el poder de Dios; el evangelio llegó con poder. Es real, convincente, impactante. El evangelio tiene la capacidad de convencer porque no es mera leyenda o mito. Jesús vivió. Se movió entre los hombres. Murió como un criminal en la cruz. Resucitó de entre los muertos. Todo esto demuestra el poder del evangelio. Cuando los tesalonicenses creyeron, sintieron su poder en sus corazones. Fueron transformados. Fueron diferentes. Además, el evangelio llegó por medio del Espíritu Santo. Detrás de ese poder estaba la realidad de Dios mismo. Su Espíritu podía tocar el espíritu humano. Podía atender las necesidades más profundas de la vida humana. El Espíritu de Dios llena el espíritu humano. Comienza a ministrar a nuestras mentes y corazones desde adentro, abriéndolos para comprender estos acontecimientos. Finalmente, el evangelio llegó con plena convicción. Conmovió la voluntad de los tesalonicenses. Actuaron; hicieron algo al respecto y decidieron: entregaron sus vidas a Dios..