Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
Mateo 25.31-46.Este mes, los estadounidenses celebran la independencia de su nación. Las banderas ondean, las familias se reúnen y los fuegos artificiales llenan el cielo nocturno. Hacen esto para demostrar su aprecio por su ciudadanía norteamericana, y para honrar a quienes se sacrificaron para darles la libertad que tienen. Pero hay una ciudadanía que trasciende todas las fronteras nacionales.
No importa donde esté ahora mismo, si cree en Cristo, tanto usted como yo somos conciudadanos del reino de Dios. La palabra reino denota poder o dominio sobre una región o un pueblo. Por lo tanto, el reino de Dios se refiere al gobierno y a la autoridad total del Señor. Aunque es verdad que Él reina en los corazones de sus seguidores aquí en la Tierra, no debemos olvidar que el término también se refiere a su soberanía en el cielo.
El Señor Jesús está en este momento sentado a la diestra del Padre en el cielo, pero el pasaje de hoy señala un momento en el que regresará a la Tierra para sentarse en su trono glorioso y reinar sobre el mundo entero. Él vencerá a todos sus enemigos, destruirá a los impíos y dará la bienvenida a los justos a su reino glorioso. Y como ciudadanos del reino, gobernaremos juntamente con Él (Ap 3.21)..
