Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
¿Por qué hablan que no tienen pan? ¿Acaso no ven ni entienden? ¿Están sus corazones endurecidos? ¿Tienen ojos pero no ven, y oídos pero no oyen? ¿Y no lo recuerdan? Marcos 8:17b-18.En esta serie de preguntas, nuestro Señor les sugiere, tanto a ellos como a nosotros, qué hacer cuando nos invade el desánimo espiritual. Un joven se me acercó y me dijo: «Soy graduado de un seminario bíblico. Llevo muchos años siendo cristiano. Pero debo decirle que me siento tan apático, tan vacío. He perdido todo interés en lo que Dios está haciendo, y ya ni siquiera tengo ganas de participar en un estudio bíblico. ¿Qué debo hacer?». Justo estaba estudiando este pasaje, así que hice lo que nuestro Señor sugiere en él sin decirle nada al joven.
Lo primero que el Señor sugiere es que uses tu mente. ¿Acaso no ves ni entiendes? Detente y piensa en dónde estás, en lo que te está sucediendo y por qué sucedió.
Analízalo. Lee lo que la Biblia dice al respecto. Para eso sirve la mente. Estudia las revelaciones que Dios te ha dado. Usa tu mente.
Segundo, pregunta: ¿Están endurecidos sus corazones? Es decir, analicen el estado de su corazón. ¿Son apáticos o responden? ¿Han olvidado la verdad? Porque si el corazón no responde a lo que la mente ha comprendido, entonces es porque realmente no lo han creído. Quizás hayan reconocido mentalmente que es verdad, pero no han actuado en consecuencia. No creen realmente que Dios vaya a cumplir lo que ha prometido. Esto siempre se manifiesta en un corazón apático e insensible. La verdad siempre nos conmueve cuando creemos en ella. Siempre nos cautiva y nos emociona. Y si no nos emociona, es porque la mente la ha comprendido, pero el corazón no..
La victoria de Jesús es completa a pesar de las aflicciones momentáneas de esta vida.