Amistad que Abraza el Alma

 Tomado de: Poeta enamorado de la Luna

Por María Lozano

En un hermoso atardecer dorado
las mariposas danzaban a tu lado
la Luna se asoma, en lo alto
plateada sobre el cielo azul danza
encantado mientras mi corazón
latía hechizado.
Las flores del campo brillaban en
tu mirada entre pétalos y risas, tú
voz fue mi morada, corríamos
descalzos por la hierba perfumada
y el aire en nuestro rostro pasión
desatada como locos de alegría
alma entrelazada..

"Deja de luchar contra Dios"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Amado Padre, ¡cuánta paciencia has tenido conmigo!, pues no es la primera vez que me confrontas en cuanto a mi orgullo. Espíritu Santo de Dios, ayúdame a despojarme de la terquedad y del orgullo, pues no quiero seguir ofendiéndote ni contristándote. Señor Jesús, ¡cuánta necesidad tengo de que crezcas en mí y que yo mengüe! Amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar” Hechos 27:12-15.
*Reflexiona*
En el devocional anterior reflexionamos acerca de la terquedad y vimos cómo aquellos hombres decidieron ignorar la advertencia de Pablo y continuar navegando. Pero, ¿qué había detrás de esa decisión? La respuesta es el orgullo. La terquedad no es más que una manifestación de un corazón que se resiste a reconocer que Dios tiene razón.
El barco en el que viajaban Pablo, el centurión y los demás presos, rumbo a Roma, puede representar ese orgullo que muchas veces gobierna el corazón del hombre. Y de él necesitamos despojarnos, pues, en lugar de impulsarnos hacia adelante, termina produciendo estancamiento.
Aquellos hombres creyeron tener el control. Al ver que el viento soplaba favorablemente, pensaron que podían continuar el viaje sin problemas. Sin embargo, el tiempo cambió abruptamente y la tormenta demostró que ni la experiencia de los marineros, ni la embarcación, eran suficientes para hacerle frente. Finalmente comprendieron que luchar contra el viento sería inútil y se dejaron llevar por él, pues era mejor permanecer con vida que perecer intentando navegar contra la corriente..

De tumbas a jardines

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

«Padre, gracias por recordarme que por la fe en tu Hijo Jesús soy libre y que conforme a esa libertad que Cristo me ha dado debo andar. Ayúdame, Espíritu Santo de Dios, a tener presente esta verdad en mi mente y corazón cada vez que el enemigo me quiera impulsar a sumergir áreas de mi vida en sepulcros. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.»
2. Lee la palabra de Dios
“Vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal” Marcos 5:15a.
3. Reflexiona
Jesús ha venido a dar libertad por medio de la verdad, tanto a los cautivos por el pecado como a los oprimidos por el maligno, pues Él mismo manifestó “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32), y es que conocer la verdad significa conocer a Jesús (Juan 14:6) y su obra redentora, la cual nos es revelada por medio de su palabra, pues en ella se nos declara que por amor Él pagó nuestras deudas, porque Dios ofreció a Jesucristo como sacrificio por nuestros pecados, por eso cuando creemos a la verdad Dios perdona todos nuestros errores, nos da salvación y vida eterna.
Por lo tanto, al tener el Gadareno un encuentro con la Verdad (Jesús) pudo ser liberado de la esclavitud del pecado y del tormento en el que lo tenía sometido Satanás. De igual manera ha sucedido con nosotros, pues no solo fuimos liberados de la esclavitud del pecado cuando creímos en Cristo, sino también incluso ahora somos liberados de aquellas opresiones en las que el maligno nos quiere tener sumergidos, pues es el Espíritu Santo quien nos recuerda que ya no debemos estar sujetos al yugo de la esclavitud porque Cristo ya nos libertó (Gálatas 5:1)..

Cuenta con Dios para hacer lo imposible

 Tomado de: Alonso De Caro

Por María Lozano

“Pues la palabra de Dios nunca dejará de cumplirse” Lucas 1:37 (NTV)
Nunca dejes que una situación imposible te intimide. ¿Por qué? Porque nada es imposible para Dios.
La Biblia dice: “Pues la palabra de Dios nunca dejará de cumplirse” Lucas 1:37 (NTV).
En lugar de sentirte intimidado por una situación aparentemente imposible, deja que te motive a orar más, creer más, confiar más, esperar más y depender más de Dios.
No importa cuán imposible pueda parecer una situación; puedes estar seguro que “Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva” Filipenses 1:6 (NTV).
Lo que Dios comenzó en tu vida, Él lo terminará.
Hudson Taylor, un misionero de la década de 1800, dijo esto acerca de Dios haciendo lo imposible en nuestras vidas: “Hay tres etapas en cada gran obra de Dios; primero es imposible, luego es difícil, luego está hecho”.
Pero Satanás no quiere que creas que nada es imposible para Dios. Te dirá una y otra vez: “¿Quién te crees que eres? No puedes hacer eso. ¿Qué te hace pensar que puedes ser un hombre o una mujer de Dios?” Cuando crees y confías en Dios para lo imposible en tu vida, es una vergüenza para el Diablo.
Tal vez estés en lo que parece una situación imposible en este momento. Mira a Dios y confía en sus promesas, y observa cómo tu situación pasa de lo imposible a lo posible, y luego a su realización.,

Crecimiento como semilla

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

POR FAVOR LEE LA ESCRITURA: MARCOS 4:1-29
También dijo: Así es el reino de Dios. Un hombre siembra semilla en la tierra. Día y noche, ya sea que duerma o se levante, la semilla brota y crece, aunque él no sabe cómo. Marcos 4:26-27.
Este es un secreto del reino de Dios, y para mí es una de las parábolas más alentadoras de todas las que Jesús pronunció. Habla de cómo este dominio de Dios se fortalece, cómo crece en una vida. Lo explica como una cosecha que se obtiene con la paciente expectativa de que Dios obrará. La clave de todo este pasaje es que la semilla brota y crece, aunque él no sepa cómo. Es decir, hay fuerzas que obran y que serán fieles en su propósito, independientemente que el agricultor se preocupe o no. Los agricultores hacen lo que pueden, lo que se espera de ellos. Pero entonces Dios debe obrar. Y Dios obrará. Y con esa confianza, este agricultor descansa seguro. Como describe Jesús, este agricultor sale a sembrar. Es un trabajo duro, pero es lo que puede hacer. Luego regresa a casa y se acuesta. No se pasa la noche en vela mordiéndose las uñas, preguntándose si la semilla cayó en el lugar correcto o si echará raíces. Tampoco se levanta al día siguiente para salir a desenterrar la semilla y comprobar si ya ha brotado. Confía en que Dios obra, que participa en este proceso y que debe hacerlo; nadie puede hacerlo por Él. Pero Él lo llevará a cabo fielmente. Así, el agricultor confía en que, a medida que la semilla crece, hay etapas observables: primero el tallo, luego la espiga, y finalmente el grano maduro dentro de ella. Solo cuando el grano está maduro se le llama de nuevo a la acción. Cuando la cosecha está lista, entonces debe actuar una vez más.
Esto es precisamente lo que Pablo describe en 1 Corintios 3:9a: «Porque somos colaboradores de Dios». Así es como debemos esperar que Él obre. Primero implica un testimonio, tal vez una palabra de enseñanza o exhortación a alguien, o a nosotros mismos. Y luego comienza un proceso inevitable, que requiere tiempo y paciencia, y permite que Dios obre. Una de las fuerzas más destructivas que operan en la iglesia hoy es nuestra insistente demanda de resultados instantáneos. Queremos conversiones inmediatas, respuestas inmediatas cada vez que hablamos. Tendemos a no permitir que la Palabra eche raíces, crezca y dé fruto..

Los límites que cuidan la vida

Una mirada restaurativa para recuperar la serenidad interior
"Y él se acostó y se quedó dormido debajo de un enebro. Entonces un ángel lo tocó y le dijo: Levántate y come." (1 Reyes 19:5)

Hace algún tiempo, durante una jornada particularmente intensa de trabajo institucional, observé cómo varias personas comprometidas con el servicio educativo comenzaban a mostrar signos de agotamiento. No se trataba de falta de vocación ni de escaso compromiso. Por el contrario, eran personas profundamente dedicadas a su tarea. Sin embargo, detrás de esa entrega aparecían el cansancio, la irritabilidad, la dificultad para escuchar, la pérdida de paciencia y una sensación permanente de sobrecarga e insatisfacción.

Aquella experiencia me recordó una verdad sencilla pero profunda: muchas veces creemos que el problema está en las circunstancias externas, cuando en realidad hemos descuidado nuestros límites internos.

Morir para Servir: Una Parábola

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Juan 12.23-26.
Imagínese dos granos de trigo tirados en el piso de un granero cálido y acogedor. Un día, el agricultor entra y les dice: “Quiero sacarlos de este cómodo granero y plantarlos en la tierra. Voy a ponerlos en el suelo frío y a cubrirlos de tierra. Estará oscuro, y morirán. Pero les prometo que se multiplicarán y serán muy fructíferos”.
El primer grano de trigo rechaza la sugerencia. “¡De ninguna manera!” —dice. “No cuentes conmigo. Me gusta mi comodidad y no quiero morir”. Pero el segundo, después de considerar el dolor y la incomodidad de morir, decide que por la promesa de una cosecha futura vale la pena el sacrificio. Entonces, el agricultor lo saca y lo planta en la tierra, y deja que el primer grano de trigo siga estando dentro del granero..

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