Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
*Por favor ora conmigo*Padre Dios, gracias por tu gran amor al adoptarme como tu hijo. Gracias por atraerme hacia ti por medio de tu Santo Espíritu. Enséñame a permanecer en tu presencia y ayúdame a disfrutar cada día de la comunión que tu Hijo Jesús restauró para mí. Amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” 1 Juan 3:2.
*Reflexiona*
Un bebé no aprende a hablar ni a pensar de la noche a la mañana; su desarrollo es un proceso gradual. Observamos cambios constantes en su comportamiento y emociones, los cuales reflejan su crecimiento.
Cuando ese bebé crece y se convierte en niño, sigue aprendiendo principalmente por imitación: aunque comienza a entender el significado de algunas palabras, es la observación constante de sus padres o de las personas que lo cuidan lo que realmente le enseña cómo vivir y relacionarse con el mundo. El entorno, el ejemplo y las palabras de sus padres también son vitales para estimular sus capacidades.
En la vida espiritual ocurre algo similar. Al nacer de nuevo, recibimos la vida de Cristo, pero nuestro crecimiento no es instantáneo; es un proceso que requiere el entorno adecuado. La Comunión del Espíritu Santo es ese entorno vital. El apóstol Pablo nos recuerda en 2 Corintios 3:18 que, al contemplar al Señor, somos transformados “de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.
Al permanecer en comunión con Cristo, su Santo Espíritu nos impulsa para que a través de la oración, la lectura de la Palabra, la congregación, el testimonio y la obediencia empecemos a experimentar su amor, su gozo y su paz. Quizás no comprendamos todo al principio, pero la revelación llega a medida que permanecemos en su presencia..
Recuerda todas las mañanas lo que Jesús ha hecho en tu vida. ¡Él te ama con amor eterno!