Voy por la novia

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Lea: Génesis 24:1-9
Dijo Abraham a un criado suyo, el más viejo de su casa, quien gobernaba todo lo que él tenía: ―Pon ahora tu mano debajo de mi muslo y júrame por Jehová, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito, sino que irás a mi tierra y a mi parentela a tomar mujer para mi hijo Isaac. (Génesis 24:2-4)
Si lee usted todo este capítulo detenidamente, se encontrará con que el personaje central no es Rebeca, la novia. Poco de su reacción ha quedado escrito aquí, ya que fue un personaje secundario. El objeto de la atención de la historia realmente sigue al criado de Abraham, que es el personaje central. Esta es una imagen de la obra del Espíritu Santo. Pero recuerde usted, el Espíritu de Dios decide realizar Su obra principalmente por medio de hombres y mujeres, por medio de aquellos de nosotros que le pertenecemos. Esto es especialmente cierto en la obra de llamar a un pueblo con el nombre de Dios. Dios nos ha dado la responsabilidad y el privilegio de ser Sus instrumentos para llamar a Su esposa de entre el mundo. De modo que esta historia se convierte en una imagen preciosa de todo el proceso del evangelismo personal.
El proceso de traer a otros a Cristo empieza con el mandamiento de Dios el Padre. La iniciativa aquí la tiene Abraham, que manda a su criado a realizar este trabajo y le presenta la obligación para hacerlo por medio de un juramento. Cuando este criado puso su mano bajo el muslo de Abraham, estaba sencillamente practicando una costumbre oriental que reconoce que los lomos del muslo eran la fuente de la vida. Para el criado, era una representación de estar atado por un juramento solemne.
Al aplicar esto a nuestra propia situación y ver a Dios el Padre estando en el lugar de Abraham aquí, está pidiendo a todos los siervos que se entreguen a esta labor. No se menciona aquí el nombre del criado, de manera que usted y yo podemos poner nuestros nombres aquí. El Padre nos llama y nos manda que vayamos y tomemos una esposa para Su Hijo..

El Camino Para Disfrutar

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Lea: Nehemías 8:13-18
Y hallaron escrito en la ley que Jehová había mandado por medio de Moisés, que habitaran los hijos de Israel en tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo. (Nehemías 8:14)
La naturaleza de la salud ha sido demostrada para nosotros de un modo dramático en los versículos finales de este capítulo. Dios había anticipado las necesidades de estas personas. Siglos antes había provisto una ayuda visual de lo más asombrosa para recordarles que la verdad les evitaría una mayor destrucción. Esta es la Fiesta de los Tabernáculos, un recordatorio de que habían sido llamados como un pueblo de Egipto. Su partida había sido repentina y precipitada. Ni siquiera debían de sentarse para comer la comida de la Pascua. Tenían que comerla de pie, con sus báculos en las manos, llevando puestas las ropas para el viaje, dispuestos para marcharse. Ellos salieron con la palabra de mando y dejaron atrás Egipto en una noche. Cuando llegaron al desierto, después de haber viajado un día entero, y se hizo de noche, ¿dónde iban a encontrar un lugar en el que resguardarse? Dios le había dicho a Moisés que sería preciso que el pueblo recogiese ramas de los árboles para refugiarse, y después Dios ordenó que hiciesen esto una vez cada año. A pesar de que después tendrían sus hogares en los que vivir, debían de construir estas ramadas y vivir en ellas durante siete días. Esto era para enseñarles que eran siempre peregrinos y extranjeros en la tierra, y este mundo no iba a ser su hogar. Todas las grandes bendiciones de la vida no se encontrarían necesariamente en este tiempo presente, sino que les estarían esperando en la gloria. Por lo tanto, no tenían motivos para sentirse angustiados si no tenían todo lo que otros a su alrededor estaban intentando conseguir en esta vida.
Esta es la verdad que nos librará de las presiones de este tiempo. No debemos de aferrarnos con fuerza a las cosas. No debemos de creer que las casas, los autos, el dinero y las ganancias materiales tienen una enorme importancia. Aunque carezcamos de estas cosas, los grandes tesoros en nuestra vida permanecen intactos. El estar constantemente luchando por conseguir lo que todo el mundo tiene es una equivocación. Dios nos enseña que no debemos de aferrarnos con fuerza a estas cosas. No debemos olvidar nunca que estamos en el mundo pero que no somos del mundo. No debemos de establecernos nunca de una manera definitiva. A mí me encanta la manera en que lo ha expresado C. S. Lewis: “Nuestro amable Padre celestial ha provisto muchas posadas maravillosas para nosotros a lo largo del trayecto, pero Él se ocupa de una manera especial de nosotros durante nuestro viaje y se asegura de que nunca confundamos ninguna de ellas con el hogar”. Somos peregrinos y extranjeros que pasamos por este mundo. Participamos en él, en ocasiones profundamente, pero no debemos nunca de considerarnos a nosotros mismos como parte de él.
¿Qué es lo que nos permitirá recordar esto? El versículo 18 nos ofrece la respuesta. Ellos leían cada día las Escrituras, cada día se saturaban del pensamiento de Dios. Eso es lo que representa la realidad. Cuando piensa usted como lo hace Dios, está usted pensando de una manera realista. Está comenzando a verse a sí mismo de la manera que es usted en realidad. Está viendo a sus hijos, su hogar y su nación como son en realidad. Por primera vez puede usted despojarse de las ilusiones y los engaños de un mundo equivocado y confuso. Está usted empezando a trabajar para conseguir la integridad, la sanidad y la fortaleza de las cosas que permanecen..

"Continúa La Misión"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

*Por favor ora conmigo*
Señor que tu evangelio impacte primero mi corazón para poder impactar a mi familia y a otros. Quiero ser testigo de tu amor, donde me envíes Espíritu Santo, quiero depender de ti para que me lleves a dar testimonio. Quiero ser un misionero de corazón en todo tiempo y en todo lugar, por eso, enséñame a mirar afuera, mantén mis ojos fijos en ti, en tu regreso, pero mis manos ocupadas en tu obra, sirviéndote con esperanza, amén.
*Lee la Palabra de Dios*
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. Hechos 1:8-11.
*Reflexiona*
La enseñanza que Jesús presentó posresurrección, fue una encomienda para la evangelización mundial. Aquí, la Gran Comisión está precedida por su promesa del derramamiento del Espíritu Santo, porque necesitamos recibir su poder para cumplir con efectividad con la misión. Él nos da su Espíritu para buscar a los perdidos, para tener autoridad y declarar con valentía a Jesús como el Hijo de Dios, y poder para establecer su iglesia localmente y a lo largo del mundo.
La iglesia debería extenderse desde Jerusalén hasta lo último de la tierra, pero no con esfuerzos humanos. La misión está arraigada en lo que Jesús comenzó desde Jerusalén y es un llamado divino, por eso nos dijo: “y me seréis testigos en Jerusalén (nuestra casa-local), en toda Judea (nuestra ciudad), en Samaria (nuestra nación- transcultural) para impactar todo tipo de personas que no están en nuestro entorno y hasta lo último de la tierra (internacional). Este último mandamiento antes de ascender al cielo, pone de manifiesto el poder y la voluntad de Dios para alcanzar al mundo para Él a través de nosotros, sus testigos. Es una misión que Jesús nos entrega como seguidores, no como una carga, sino como un propósito para continuar con su obra..

Dios te Creó para una Misión

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

“Dios nos ha hecho lo que somos. En Cristo Jesús, Dios nos creó para hacer buenas obras, las cuales Dios planeó de antemano para que vivamos nuestras vidas”.
Efesios 2:10 (NVI)
No fuiste puesto en la tierra para vivir por ti mismo.
Fuiste creado para un propósito mayor que simplemente ganar dinero, jubilarte y morir. Fuiste creado para una misión y esa misión le da sentido a tu vida.
La Biblia dice: “Dios nos ha hecho lo que somos. En Cristo Jesús, Dios nos creó para hacer buenas obras, las cuales Dios planeó de antemano para que vivamos nuestra vida haciendo” (Efesios 2:10 NVI)
En otras palabras, eres único. Nadie más en el mundo (pasado, presente o futuro) es como tú. Dios te ha hecho tan único que hay ciertas cosas que sólo tú puedes aportar al mundo. Esas cosas conforman la misión de tu vida.
Hasta que no conozcas la misión de tu vida, simplemente existirás. La vida puede parecer buena, pero no experimentarás la plenitud que sentirías si estuvieras viviendo las intenciones de Dios para ti.
Jesús dice en Marcos 8:35: “Si insistes en salvar tu vida, la perderás. Sólo quien desperdicie su vida por mí y por la Buena Nueva sabrá alguna vez lo que significa vivir realmente».
Dios te está dando la oportunidad de construir tu vida en torno a su misión para ti. La única manera de hacerlo es comenzando con un fundamento firme: Jesucristo. “Y nadie podrá jamás poner otro fundamento real que el que ya tenemos: Jesucristo” (1 Corintios 3:11 TLB).
Puedes elegir construir tu vida sobre Jesús, el único fundamento que durará. O puedes optar por pasar tu vida persiguiendo cosas que al final te fallarán.
Lo cierto es que un día te presentarás ante Dios y él te preguntará: “¿Cumpliste la misión que te di en esta tierra?” Ese día quedará claro si pasaste tu vida cumpliendo la misión de Dios para ti o elegiste perseguir cosas menores..

"Ora por Tu Hermano"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones.
--Efesios 3:16-17a.
La oración es una herramienta eficaz. Orar es hablar con Dios de forma espontánea y verdadera. Muchas veces, nuestras oraciones expresan nuestras angustias, deseos y pedidos a Dios.
Así como la oración nos ayuda, podemos ayudar a los demás a través de la oración. Orar por los demás es un ejercicio de amor. Cuando oramos por nuestros hermanos, estamos dejando de lado nuestros propios deseos para fijar nuestra atención en la vida del prójimo. Eso es amor y a Dios le agrada esa actitud..

Estuve Donde Tú Estás

 Tomado de: Gabriel García Márquez

Isabel Zambrano Sánchez

Por María Lozano

Y NO TE PUEDO DECIR QUE NO DUELE...
Porque duele y hasta te duele el respirar,
hasta que un día todo pasa y el pasado se queda atrás, despiertas y ya no duele más,
Y no puedo decirte cuándo tu dolor terminará
Porque cada proceso y cada duelo es personal,
Te vuelves muy sensible y te pones sentimental,
Lloras día y noche hasta que te cansas de llorar,
Estuve donde tú estás
Y no te puedo decir que el tiempo sanará tus heridas, pero el tiempo es sabio y te ayudará a pegar cada pedacito de tu corazón en pedazos,
Tu mejor medicina será tu fortaleza,
Tu amor propio será tu amuleto de protección,
Tu corazón será tu mejor guía espiritual,
Estuve donde tú estás.

"Tu Refugio Seguro en tiempos de Incertidumbre"

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová.
Escudo es a todos los que en él esperan.
(2 Samuel 22:31)
El camino de Dios es perfecto y su Palabra es verdadera. Este versículo nos da una base sólida: en un mundo lleno de incertidumbre, Dios es el camino perfecto.
Nada en nuestras vidas es desconocido para el Señor. Incluso cuando enfrentamos pérdidas y dudas, podemos confiar en que el camino de Dios siempre es el mejor. Su propósito es eterno y ve más allá de nuestras limitaciones. La perfección de su camino no reside en la ausencia de dolor, sino en la certeza de que todas las cosas obran para el bien de quienes lo aman (Romanos 8:28).
La Palabra del Señor permanece inquebrantable. A lo largo de los siglos, ha sido probada, desafiada y perseguida, pero nunca se han dejado de cumplir sus promesas. Es una luz para nuestros pasos, una dirección segura en medio de la oscuridad. Es en ella donde encontramos la verdad que libera, consuela y transforma.
Y más aún: Dios es nuestro escudo. No un escudo cualquiera, sino refugio para todos los que se acercan a él. No importa cuán fuerte sea la tormenta ni cuán grande sea el enemigo, quienes confían en el Señor encuentran protección, paz y esperanza..

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