La Deuda fue pagada con Amor....

 Tomado de: Palabra de Vida

Por María Lozano

La deuda que teníamos era imposible de pagar, pero nuestro Libertador murió por nosotros para cancelar esa deuda y darnos la posibilidad de llegar a ser hijos de Dios. ¿Cómo no vivir agradecidos y en obediencia a nuestro Señor y Salvador Jesucristo?
• Romanos 4:25 el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación.
• Romanos 14:7 Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo;
• Colosenses 3:17 Y todo lo que hagan o digan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, y por medio de él acérquense a la presencia de Dios con acción de gracias..

Cómo Examinarse a sí Mismo

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? (2 Corintios 13:5a).
Cuando vivimos desobedeciendo las normas cristianas, tenemos que preguntarnos: “¿Soy yo un verdadero cristiano o estoy siendo falso? ¿He nacido de nuevo o estoy sencillamente fingiendo serlo?”. Aquellos de nosotros que somos cristianos deberíamos hacernos ocasionalmente esta pregunta. Es una buena idea que te examines a ti mismo, especialmente si hay algún mal comportamiento en tu vida.
El sencillo hecho que el apóstol pudiera hacer una pregunta como esta, indica que una posible respuesta es lo que marca el auténtico cristianismo. Como es natural, un cristiano no es simplemente una persona que se une a una iglesia cristiana. Ni el adherirte a ciertas normas morales en tu vida, o el hecho que leas de una manera consistente la Biblia te convierte en cristiano. El verdadero cristiano es alguien en el cual mora Cristo. Y la persona en la que Cristo mora podrá mostrar cierta evidencia incontrovertible de este hecho que le ha sido concedido. Pablo está sugiriendo que nos preguntemos a nosotros mismos si poseemos la evidencia que Jesucristo está vivo en nosotros.
Tal vez te estés preguntando en este preciso momento: “¿Cómo puedo saber eso?”. La respuesta se encuentra en varios lugares en las Escrituras. Por ejemplo, las Escrituras hacen referencia a un testimonio “interior”. Pablo dice en Romanos: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, que somos hijos de Dios” (8:16). Esta es una manera de saberlo. Hay un testimonio interior, un sentimiento, una impresión en nuestro ser producido por el Espíritu de Dios que mora en nosotros, quien genera el convencimiento que formamos parte de la gran familia de Dios.
Las Escrituras hablan también de deseos que surgen del corazón del nuevo cristiano. Primera de Pedro 2:2 dice: “y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, ya que habéis gustado la bondad del Señor”. Una de las señales de los creyentes nacidos de nuevo es que tienen una profunda y repentina sed de la Palabra de Dios, un hambre por ser alimentados, para conocer la verdad de Dios..

La Integridad Puesta a Prueba por el Fuego

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Amado Dios, me has revestido de Cristo para cubrirme de gracia y de tu amor, soy salvado del fuego, de las dificultades y las pruebas, porque tú caminas a mi lado, por lo tanto me mantengo firme en mi fe y descanso en ti, incluso cuando soy presionado por el mundo, pues mi integridad se basa en tus principios, promesas y en tu Palabra que ahora mora en mí. Amén
LEE LA PALABRA DE DIOS
“El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia.” Daniel 3:1.
“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”, Daniel 3:16-18.
REFLEXIONA
Nabucodonosor mandó a levantar una estatua de oro de 27 metros, edificada sobre la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia, y manda a que todos, pueblos, naciones y lenguas, al oír música de distintos instrumentos, se postren y adoren esta estatua. Cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo (Daniel 3:1, Daniel 3:4-6). Era un edicto en contra del primer y segundo mandamiento:
No tendrás dioses ajenos delante de mí. — Deuteronomio 5:7.
No te harás imagen ni escultura para adorarla. — Deuteronomio 5:8-10.
Sadrac, Mesac y Abed-nego, no adoraron la estatua de oro levantada por Nabucodonosor y fueron confrontados por el rey, pero su respuesta aún retumba en nuestros oídos: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18). Al escuchar esto, Nabucodonosor se llenó de ira y ordenó que fuesen amarrados, echados al horno de fuego que fue calentado 7 veces más de lo acostumbrado (Daniel 3:19).
Y luego de ser echados al fuego, pasó algo extraordinario: “Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.” (Daniel 3:24-25)
Poderosamente fueron salvados; su fe en Dios, independiente de las circunstancias, muestra el más elevado concepto de negarse así mismo para hacer la voluntad de Dios; esto lo evidencia una pequeña palabra de enlace en Daniel 3:18 —“Y si no”—.

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