Humildad para Valorar

Tomado de: "A cada Corazón"
por María Lozano
En cambio, adoren a Cristo como el Señor de su vida. Si alguien les pregunta acerca de la esperanza que tienen como creyentes, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.
Mantengan siempre limpia la conciencia (1 Pedro 3: 15-16)Ayer meditamos acera de estar preparados para responder inquietudes espirituales, y hoy retomamos el mismo versículo bíblico, pero agregando el conte4xto inmediato posterior a la frase analizada. Porque luego de decirnos qué hacer, Pedro adiciona el detalle de cómo hacerlo.
Las palabras elegidas por el apóstol son dos, y representan toda una estrategia clave a la hora de llegar a cada corazón: humildad y respeto. Si somos autocríticos tendremos que reconocer que no siempre los cristianos hemos exhibido estos dos principios cuando nos ha tocado compartir nuestro mensaje con personas que no practican nuestra fe.
Lo primero a tener en cuenta para aplicar estas dos virtudes es que al no tratarse ni de un debate ni de una discusión no hay razón alguna para percibir el otro como un rival o alguien a quien simplemente hay que ganarle o convencerlo de su erro con argumentos. Solo compartimos lo más lindo que nos pasó en la vida.
Al acercarnos a las personas con el Evangelio no debiéramos adoptar una actitud de superioridad en ningún sentido. Vamos en nombre de un Dios que se desvive de amor por quien tenemos enfrente. La misma Biblia nos ubica con verdades como “Dios los salvó por su gracia cuando creyeron”. Ustedes no tienen mérito en eso; es un regalo de Dios”(Efesios 2: 18)
No hay nada que nos hayamos ganado como para creer que estamos algunos escalones por encima de los demás.
Encarar estos encuentros con humildad nos ayuda a colocar la expectativa en el lugar correcto. Nunca debiéramos malinterpretar un momento así, como una oportunidad para desplazar conocimiento o hacer otro tipo de demostración que solo haga sentirnos bien a nosotros. Pedro nos relata en Hechos 10 que llegó a la casa de Cornelio y frente a un grupo de gentiles reconoció que ese mismo día estaba aprendiendo varias cosas de ellos y con ellos.
Parte del respeto que le debemos a los demás pasa por valorar su espiritualidad. Así como no debemos adoptar una posición de un maestro que corrige a sus alumnos, tampoco tenemos que dar la antipática sensación de que 6todo lo que ellos creen, piensan o sienten está equivocado, mientras que con nosotros pasa lo contrario……
Vez tras vez encontramos en las Escrituras que siempre se cosecha ki que se siembre, y el respeto no escapa a esa regla. De modo que, esperamos recibirlo, primero tendemos que brindarlo. En Atenas, Pablo fue muy sabio al iniciar su discurso destacando la búsqueda espiritual de sus ciudadanos: “Hombres de Atenas, veo que ustedes son muy religiosos en todo sentido, porque mientras caminaba observé la gran cantidad de lugares sagrados…” (Hechos 17: 22-23).
Cada vez que escuchemos algo acerca de una creencia equivocada, una espiritualidad mal canalizada o una práctica religiosa desviada, no nos apuremos a condenar. No necesitamos estar de acuerdo para ser respetuosos. La amabilidad nos abrirá más puertas que el juicio implacable. En todo caso, veamos como una ventaja el hecho de que la persona tenga intenciones espirituales, y esperemos nuestro turno para dejar salir la verdad bañada de gracia y amor.
En un mundo donde los fundamentalismos están cada vez más presentes, derribemos barreras con una actitud de gentileza. Se nos ha encargado la tarea de la reconciliación ( 2 Corintios 5: 18). Al ser representantes del Salvador del mundo, acerquemos a las personas hacia {El en lugar de alejarlas. Que a través del Espíritu Santo nuestros amigos puedan ver una sonrisa de cariño y aceptación, y no un ceño fruncido de sentencia desfavorable.

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