Todos son Importantes

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano







Durante mi segundo semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa.
Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la última: “¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”.
Pensé que seguramente era una broma. Había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero ¿como iba yo a saber su nombre?.
Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. “Absolutamente”, dijo el profesor.
En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son significantes y merecen ser vuestra atención, aun sólo si ustedes les sonríen y dicen “Hola”.
Yo nunca olvidé esa lección. También aprendí que su nombre era Dora.
….Y usted, ¿sabe el nombre de las personas que le sirven?
Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos. -Mateo 18,10
Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.” -Mateo 25,40

Velando por mi hermano

Tomado de: Jesús Lo Es Todo
Por María Lozano





A veces caemos en el mismo síntoma de Caín cuando Dios le pregunto sobre su hermano Abel a quien había asesinado, Caín le responde: “¿Acaso soy guarde de mi hermano?”. (Génesis 4:9)

Es triste ver como entre nosotros mismos no nos cuidamos, es triste ver la indiferencia que existe muchas veces entre los hijos de Dios sobre los problemas que estos puedan estar atravesando.

¿Cuándo fue la última vez que visitaste a tu hermano que dejo de asistir a tu congregación?, ¿Cuándo fue la ultima vez que le preguntaste como se sentía a tu hermano o hermana en Cristo?, ¿Qué fue lo último que hiciste para tratar de ayudar a tu hermano?

A veces nos olvidamos que somos uno solo en Cristo y nos auto independizamos del cuerpo, ¿Puedes imaginarte la mano fuera del cuerpo?, ¿Tendría vida?, ¿Pudiera subsistir?, no podemos ser indiferentes entre nosotros mismos, tenemos que ayudarnos, extendernos la mano, apoyarnos, orar unos por otros, pero sobre todo amarnos como Cristo nos lo pidió.

El Apóstol Pablo les daba una recomendación a los filipenses diciéndoles:
“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito. No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen sólo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.”

Filipenses 2:1-5 (Nueva Traducción Viviente)

Hoy quiero motivarte a ayudar a tu hermano, estoy seguro que hay alguien cerca de ti que necesita de tu ayuda, quizá una palabra de consuelo, quizá una palabra de fortaleza o de fe, o quizá una ayuda materializada, todos podemos ayudar si tan solo nos disponemos a hacerlo.

Recuerda que Jesús nos mando a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, ¿Lo estamos cumpliendo?, ¿Estamos obedeciendo esas palabras?
¡Es hora de velar por nuestros hermanos!

ACCESO DIRECTO

Tomado de: En la Tierra como en el Cielo
Libros del Valle
Por María Lozano




Acercaos a Dios, y Dios se acercará
a vosotros.
Santiago 4:8


En el escritorio de mi computadora, tengo algunos accesos directos a los programas que mas utilizo. Son realmente muy prácticos y me permiten acceder muy pronto a realizar mis trabajos diarios.
¡La muerte de Jesús, nos permite acceder directamente a la presencia de Dios!. Haciendo clic allí, podemos ingresar libremente al lugar santísimo, en donde Él vive. Encontrarás un velo rojo abierto de par en par, para que pases y disfrutes de su perdón y de su amor. ¡Solo es necesario acercarte con un corazón sincero y lleno de fe!

Ahora podemos entrar con toda libertad en el santuario gracias a la sangre de Jesús, siguiendo el nuevo camino de vida que él nos abrió a través del velo, es decir, a través de su propio cuerpo.
Hebreos 10:19-20


¡Danos Señor, un corazón limpio y sincero para poder disfrutar de tu presencia!  

Pégame pero no me dejes

Tomado de: Jesús Lo Es Todo
Por: Johanna Torres
Por María Lozano





¿Permanecerías en una relación donde te faltan al respeto? Tal vez tú no, pero existen personas que sí. Existen relaciones donde si uno de los dos ha sufrido traumas en su infancia, puede convertirse en un abusador. Si es hombre se le llama misógino. Y te preguntarás que es un misógino, la definición es la de un hombre que odia a las mujeres, por traumas pasados. Entre ellos encuentras a los hombres controladores, y mujeriegos que ocultan sus vacíos existenciales en relaciones destructivas. Estas generalmente están maquilladas con palabras dulces y gestos amables al principio pero con el tiempo se convierten en asperezas, infidelidad crónica y algunas veces incluso terminan en violencia doméstica.

¿Te preguntarás qué tipo de mujeres aceptan a un hombre misógino? puede parecerte extraño pero algunas lo hacen. ¿En qué condición esta el alma de una mujer que se encuentra en una relación abusiva? Generalmente muy maltratada. Una mujer que desea ser “rescatada”, que posee una baja autoestima, que creció sin padre y ha sustituido esa falta con el amor tiende a caer en las redes de los depredadores emocionales como consecuencia de las heridas del alma. Muchas veces fracasos en relaciones anteriores le van robando su autoestima y llega a acostumbrase a la idea de que no es digna de amor, o respeto. El abuso sexual, o físico en su niñez también la hace vulnerable a entrar en este tipo de relación.

La idea de este artículo es enviar un mensaje de que no todo está perdido, hay una salida para el misógino y para la víctima. Esa ayuda viene de Dios. El hombre como la mujer deben encontrar su identidad en Dios. El entender quién eres en El, te da la pauta para saber que vales mucho, que nadie tiene el derecho de menospreciarte. Ni humillarte, ni esclavizarte sexualmente. La palabra de Dios dice que “Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas.”(Ef. 2:10). Buenas obras, no maltratos, falta de respeto y mucho menos golpes.

El libro sagrado también nos dice que somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Nuestro espejo interno no debe reflejar las heridas del pasado que nos hacen pensar que no mereces respeto, más bien ese espejo interno debe reflejar el rostro de amor, la imagen de Dios. Es ese mismo amor incondicional que se dibuja en ti a través de Jesús y que llenará todo vacío.

Una vez que empezamos a entender quienes somos en Dios, concientizamos nuestro valor, y el nivel de vulnerabilidad ante una relación abusiva desciende. Tu confianza aumenta y también tus expectativas. Empiezas a esperar y recibir lo mejor que Dios tiene para ti. Entre esas cosas, personas que te valoren. Relaciones saludables. Una relación con alguien que ama a Dios y que por ende te amará a ti también, con un amor puro y sano. Sabrá darte un lugar importante en su vida, y tendrá presente cubrir tus faltas, no resaltarlas. 

Carta de un hijo a todos los padres del mundo

Tomado de:Jesús Lo Es Todo
Por María Lozano




Queridos papito y mamita:

No me des todo lo que pido; a veces sólo pido para ver hasta dónde puedo lograr.

No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar yo también... y no quiero aprender a hacerlo.

No me des órdenes a toda hora. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras un favor, yo lo haría más rápido y con mayor gusto.

Cumple tus promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; y también si es un castigo.

No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mis amigos. Si tu me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces quedar peor que los demás, seré yo quien sufra y quede humillado.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer; decide y mantén tu decisión para que yo sepa a qué atenerme.

Déjame valerme por mí mismo; si tú haces todo por mí, yo nunca aprenderé a hacerlo por mi mismo.

No digas nunca mentiras delante de mí y mucho menos me pidas que yo las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro; me haces sentir mal y perder la fe en lo que tu dices.

Cuando yo haga algo malo, no me exijas que diga el por qué lo hice, a veces ni yo mismo lo sé.

Cuando te equivoques en algo, admite tu equivocación; crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a admitir también mis equivocaciones.

Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus mejores amigos; porque seamos familia, eso no quiere decir que no podamos ser también amigos.

No me digas que haga una cosa que tú no eres capaz de hacerla. Yo aprenderé con tus ejemplos e imitaré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo mandes; y no haré lo que no te vea hacer, aunque trates de exigírmelo.

Enséñame a conocer y amar a Dios y hablar con Él, no importa si en el colegio me quisieran enseñar o no; porque de nada vale el colegio, si yo veo que tú ni conoces ni amas a Dios, ni le oras.

Cuando te cuente un problema mío, no lo andes divulgando.

Nunca me digas no tengo tiempo para tus boberías, eso no tiene ninguna importancia. Trata de comprenderme y ayudarme.

Quiéreme mucho y dímelo. A mí me gusta oírlo, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Trata de comprenderme. Tú también pasaste por mi edad, aunque a veces pareces olvidarlo.

No puedo ser perfecto; nadie lo es; tienes que tener paciencia.

No me trates como a un niño pequeño. Acepta que voy cambiando y me voy haciendo mayor.

Escucha mis opiniones y decisiones y cuando no estés de acuerdo o me des una orden, dime las razones que tengas.

No me desanimes; al contrario, dame ánimo y reconoce mis esfuerzos, progresos y realizaciones.

Trátanos a todos tus hijos por igual. Que ninguno sea tu preferido y que ninguno de nosotros sienta que te cae mal.

Te quiere mucho,
Tu Hijo (a)

La LLave de Nuestra Fe

Tomado de: Gracia Para Todo Momento
Por Max Lucado
Por María Lozano






Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá
Dios con Jesús a los que durmieron en él.
1Tesalonicenses 4:14

Para cualquier seguidor de Cristo la promesa es sencillamente esta: La resurrección de Jesús es prueba y antecedente de la nuestra.
Pero, ¿podemos confiar en la promesa? ¿Es la resurrección una realidad? ¿Serán verdad  las declaraciones sobre la tumba vacía?
Esta no es solo una buena  respuesta. Esta es  la pregunta. Como escribió Pablo, “si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1Corintios 15:17). En otras palabras, si Cristo a resucitado, sus seguidores se unirán a Él; pero de no ser así, sus seguidores son unos desatinados. La resurrección, pues, es la llave en el arca de la fe cristiana.


Cuando Cristo Venga.  

El Campesino y sus zapatos viejos

Tomado de: Jesús Lo Es Todo
Por María Lozano







Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias. El alumno dijo al maestro: "Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre".


Mi querido amigo - le dijo el profesor - nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre. El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. Ahora, dijo el profesor ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?


El joven respondió: "Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir".

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