Mientras envejezco

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano
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 Mientras envejezco,
presto menos atención a lo que dicen los hombres.
Solamente observo lo que hacen.
Santiago 2:18
Muéstrame tu fe sin las obras,
y yo te mostraré mi fe por mis obras.
Mateo 7:16
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de
los espinos o higos de los abrojos?
Romanos 3:28
Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe
aparte de las obras de la ley.
Romanos 4:6
Como también David habla de la bendición que viene sobre
el hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras:
Romanos 9:19
Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios?
Por qué ¿quién resiste a su voluntad?
Gálatas 5:6
Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión
significan nada, sino la fe que obra por amor.
Hebreos 11:33
quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia,
obtuvieron promesas, cerraron bocas de leones,
Santiago 3:13
¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Que muestre por
su buena conducta sus obras en mansedumbre de sabiduría.

El Hachero

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano


Había una vez un hachero que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que el hachero se decidió a hacer buen papel.
El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona. El hombre entusiasmado salió al bosque a talar. En un solo día cortó 18 árboles.
-Te felicito, dijo el capataz, sigue así.
Animado por las palabras del capataz , el hachero se decidió a mejorar su propio desempeño al día siguiente ; así esa noche se acostó bien temprano.
A la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo el empeño , no consiguió cortar más que 15 árboles.
-Me debo haber ‪#‎cansado‬ -pensó y decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer se levantó y decidió batir su marca de 18 árboles.
Sin embargo ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron 7, luego 5 y el último día estuvo toda la tarde tratando de voltear su segundo árbol.
Inquieto por el pensamiento del capataz, el hachero se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer. El capataz le preguntó :
-¿Cuándo afilaste tu hacha la última vez?
–¿Afilar? No tuve tiempo de afilar, estuve muy ocupado cortando árboles.
Cuántas veces estamos tan ‪#‎ocupados‬ en lo que nos parece urgente, que le restamos tiempo a lo importante…. Te invito a pensar…
¿Cuál es el hacha de tu vida, que no estás afilando?
¿En qué estás ocupando tu tiempo, a qué le estás prestando atención?
Tal vez estamos tan ocupados en querer llegar al destino, que nos olvidamos de mirar el paisaje…
Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”

Hoy....Estará Nuevamente el Señor Conmigo

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano

Porque ciertamente allí estará El Señor para con nosotros fuerte, lugar de ríos, de arroyos muy anchos, por el cual no andará galera de remos, ni por él pasará gran nave. Isaías 33:21.
El Eterno quiere ser nuestro bien supremo, y en Él jamás encontraremos decepción alguna de las muchas que acompañan a las cosas de la tierra. Una ciudad está situada al lado de un ancho río, está expuesta al ataque de las galeras y de otros barcos de guerra. Mas cuando el Señor manifiesta la abundancia de su bondad bajo este símbolo, Él se encarga de apartar todo el temor que esta figura pudiera sugerir.
¡Bendito sea un amor tan perfecto! Señor, si Tú me envías riquezas a modo de grandes ríos, no permitas que jamás vea aparecer sobre sus olas los peligrosos navíos del mundo y del orgullo. Si me concedes salud en abundancia, y un carácter alegre, no permitas que «el gallardo navío» del descanso carnal suba por el río caudaloso. 
Si tengo éxito en mi ministerio, tan grande como el Rhin, que nunca tropiece con la galera de la vanidad y de la confianza en mí mismo. Si fuese yo tan sumamente feliz que año tras año gozara de la luz de tu rostro, que nunca desprecie yo a tus santos débiles, ni que la vana idea de mi propia perfección suba por los anchos ríos de mi completa seguridad.
Hoy sé que el Señor me sostendrá y me protegerá.
Señor, concédeme esta bendición que enriquece, y no añade tristeza ni ayuda alguna al pecado. Amén.
Charles Spurgeon.
Libro De Cheques Del Banco De La Fe.

Solamente Ten FE

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano

No me quería levantar, ¿me quería quedar ahí? …
Sin tener que preocuparme por nada…
pero entonces recordé que no debía hacerlo…
Porque existen millones de personas…
que darían cualquier cosa por estar en mi lugar…
Levantarse y tener a dónde ir, sin estar vagando…
teniendo algo qué comer, teniendo con qué vestir…
Hoy Señor…
Agradezco por la noche maravillosa,
Por tus ángeles que velaron mis sueños…
Por la cobija que me calienta,
por mi alimento, por un día más de trabajo,
y principalmente… por un día más de VIDA.
Bendice Señor,
a mi familia, a mis amigos y a mis amigas, a mis compañeras y compañeros de trabajo, y s
sobretodo…
a mis enemigos y enemigas,
porque también necesitan de TI.
Bendice Señor,
A la persona que está leyendo este mensaje ahora,
TU sabes el afecto que le tengo
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Hoy...Seguiré al Campeón

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones". Salmo 46:1
El amor de Dios lo insta a intervenir a nuestro favor. Como hemos visto, Él no es un Dios distante, contento de permitir que el mundo que El creó siga girando a través de la eternidad torcidamente....

Él está siempre presente para poner las cosas de nuevo en su curso correcto: para venir al auxilio de las personas para quienes Él hizo todo inicialmente (Salmos 46:1).
Una de las ilustraciones del Señor más constantes que encontrarás en la Biblia es la de un campeón, alguien que usa su gran fuerza y sus proezas de batalla para defender y pelear por otros. Jeremías se refiere a Dios como un “guerrero poderoso” [que inspira asombro y que causa terror] que hace que se les debiliten las rodillas a los enemigos espirituales (Jeremías 20:11).
A medida que conozcas al Señor cada vez más, lo vas a ver como un campeón que interviene una y otra vez porque ésta es una de Sus actividades más reveladoras: venir como “un salvador, y un poderoso” (Isaías 19:20). En incontables formas Él estará a tu lado, como lo estuvo con el Rey David echando mano del escudo, la lanza y el hacha para enfrentarse a los que estaban persiguiéndolo.
Él te librará de las trampas, te salvará de infecciones mortales, tanto físicas como espirituales, y fielmente te protegerá contra los ataques que tengas que enfrentar.
Dios es el campeón perfecto; Su estatura es más que imponente a la oposición, y Él puede hacer cualquier cosa que quiera sin que nadie lo detenga . ¿Qué podría ser mejor que estar del mismo lado de Dios, no en algo tan pequeño e insignificante como un juego de fútbol, una disputa legal, o la lotería, sino en toda tu vida?
Imagínate, Si Dios está de tu lado y está activamente trabajando como tu campeón defensor, ¿quién podría estar en tu contra?, ¿tiene esto algún significado?
Pues esto es lo que dice la Biblia. Echa mano del broquel y del escudo, y levántate en mi ayuda. Empuña también la lanza y el hacha para enfrentarte a los que me persiguen; di a mi alma: Yo soy tu salvación. — Salmos 35:2-3
Porque Él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal. Con sus plumas te cubre, y bajo sus alas hallas refugio; escudo y baluarte es Su fidelidad. — Salmos 91:3-4.
Declarad y presentad vuestro caso; sí, que deliberen juntos: ¿Quién ha anunciado esto desde la antigüedad y lo ha declarado desde entonces? ¿No soy yo, el SEÑOR? No hay más Dios que yo, un Dios justo y salvador; no hay ninguno fuera de mí. Volveos a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro. Isaías 45:21-22

Hoy..Al Campeón….de Campeones , Dios …a él solo seguiré.
Señor , Gracias por mostrarme la Victoria que conseguiste para mi. Amén.

Urgente

Tomado de: Renuevo de Plenitud
Por María Lozano



Urgente… Es una palabra con la que vivimos día a día en nuestra agitada vida y a la cual le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad.
Urgente…
Es la manera mas pobre de vivir sobre este mundo, porque el día que nos vamos, dejamos pendientes las cosas que verdaderamente fueron urgentes.
‪#‎Urgente‬
Es que hagas un alto en tu ajetreada vida y por un instante te veas y te preguntes: ¿qué significado tiene todo esto que hago?
Urgente…
Es que te detengas y veas… cuan grande eres!
Urgente…
Es que cuando camines por la calle, levantes la vista, voltees y mires a tu alrededor; observa el cielo, los árboles, las aves…¡a la gente!
Urgente…
Es que seamos más humanos… más hermanos!
Urgente…
Es que sepamos valorar el tiempo que nos pide un niño.
Urgente…
Es que una mañana, te levantes temprano y veas salir el sol, siente su calor y dale gracias a Dios por tan grande regalo.
Urgente…
Es que te sientas vivo en cuerpo y alma!… que veas tus brazos, tus piernas, tu cuerpo, tu inteligencia, y de verdad, ¡ vibres con la vida que te ha regalado el Padre celestial !
Urgente…
Es que te tomes un instante en tu trabajo, salgas y respires profundo; y sientas como el aire llena tus pulmones… estas vivo!
Urgente…
Es que le digas a la gente que la quieres, cuanto la amas hoy, no esperes hasta mañana.
Urgente…
Es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano, que no puede echar el tiempo atrás, que todo lo hizo.
Eclesiastes 3
1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. 9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

MI Corazón, el hogar de Cristo

Tomado de Reflexiones
Por María Lozano


Una tarde invité a Jesucristo a morar en mi corazón. ¡Qué entrada hizo! No fue algo espectacular ni emotivo, pero sí muy real. Algo sucedió en el mismo centro de mi vida. Llegó a las tinieblas de mi corazón y encendió la luz. Encendió el fuego en el hogar y expulsó el frío. Inició una música donde había habido silencio. Inició una propia amorosa y maravillosa comunión. Jamás he deplorado haberle abierto la puerta a Cristo y nunca lo lamentaré.
En el gozo de ésta nueva relación, le dije a Jesucristo: -Señor, quiero que éste corazón mío sea tuyo. Quiero que te establezcas aquí  y te sientas en Tu casa. Todo lo que tengo te pertenece. Déjame mostrártelo todo.

El estudio

          La primera habitación era el estudio, la biblioteca. En mi hogar, ésta habitación de la mente es muy pequeña con paredes muy gruesas. Pero muy importante. En cierto sentido es la sala de control de la casa. El entró conmigo y miró alrededor: a los libros de las estanterías, las revistas sobre la mesa, los cuadros en las paredes. Cuando yo seguí con la vista su mirada, me sentí incómodo. Era extraño que no me hubiera sentido avergonzado de esto antes, pero ahora que Él estaba allí mirando todas esas cosas, me sentí turbado. Sus ojos eran demasiado puros para contemplar algunos de los libros que había allí. Sobre la mesa había algunas revistas que no debía leer un cristiano. En cuanto a los  cuadros en las paredes –las imaginaciones y pensamientos de la mente- algunas eran vergonzosas.
          Sonrojado, me volví a Él y dije: - Maestro, sé que ésta habitación hace falta limpiarla  y ordenarla. ¿Podrías ayudarme a convertirla en lo que debería ser?
¡ Por supuesto ! – respondió -. Me alegraré de ayudarte. Primero que todo, toma todas las cosas que estás leyendo y mirando que no sean útiles, puras, buenas y verdaderas, y ¡tíralas!  Después pon en los estantes vacíos los libros de la Biblia. Llena la biblioteca con Escrituras y medita en ellas día y noche. En cuanto a los cuadros en las paredes, te va a ser difícil controlar esas imágenes, pero tengo algo que te ayudará. Me dio un retrato en tamaño natural de Sí mismo. – Cuelga esto en el centro – dijo -, en la pared de la mente.
Lo hice, y a lo largo de los años he descubierto que cuando mis pensamientos están centrados en Cristo Mismo, Su pureza y poder hacen retroceder a los pensamientos impuros. Así que Él me ha ayudado a traer mis pensamientos en obediencia debajo de sus pies.

El comedor
          Del estudio pasamos al comedor, la habitación de los apetitos y los deseos. Yo gastaba mucho tiempo y energías allí tratando de satisfacer mis deseos.
          Le dije a Él: - Esta habitación es una de mis favoritas. Estoy seguro de que te complacerá lo que servimos.
          Se sentó conmigo a la mesa y me preguntó: -¿Qué hay en el menú para comer?
          -Bueno, -le contesté-, mis platos favoritos: dinero, grados académicos y acciones, con artículos del periódico de fama y fortuna como platos acompañantes. -Estas eran las cosas que me gustaban: dieta mundana.
          Cuando tuvo la comida delante, no dijo palabra, pero observé que no la comía. Le pregunté: -Señor, ¿no te gusta esta comida? ¿Cuál es el problema?
          Él contestó: -Para comer Yo tengo una comida de la que tú nada sabes.Si quieres comida que de veras te satisfaga, haz la voluntad del Padre. Deja de buscar tus propios placeres, satisfacción y deseos. Busca complacerlo a Él y la comida te satisfará a ti.
          Allí en la mesa, me dio a probar el gozo de hacer la voluntad de Dios. ¡Qué sabor! No hay comida como esa en todo el mundo. Es la única que satisface.
El living
          Del comedor fuimos hasta el living. Esta habitación era íntima y cómoda. Me gustaba. Tenía una chimenea, butacas acolchadas, un sofá  y una atmósfera apacible.
          -Él dijo: -Esta de veras es una habitación muy agradable. Vengamos a menudo. Está aislada y tranquila, y podemos tener comunión juntos.
          Bueno, como jóven cristiano, yo estaba estremecido de emoción. No podía pensar en hacer algo mejor que estar unos minutos con Cristo en íntimo compañerismo.
          Él prometió: -Yo estaré aquí temprano todas las mañanas. Encuéntrame aquí, y empezaremos el día juntos.
Así que, mañana tras mañana, yo bajaba al living. Él tomaba un libro de la Biblia del librero. Lo abríamos y leíamos juntos. Él me descubría las maravillas de las verdades salvadoras de Dios. Mi corazón cantaba mientras Él me contaba del amor y la gracia que Él me tenía. Eran tiempos maravillosos.
Sin embargo, poco a poco, bajo la presión de muchas responsabilidades, este tiempo comenzó  a acortarse. ¿Por qué? No estoy seguro. Pienso que estaba demasiado ocupado para pasar con Cristo un rato con regularidad. No fue intencional, ¿entiendes? Sólo que así sucedió. Por último, no solo se acortó el tiempo, sino que empecé a dejar de acudir algunas veces. Se amontonaban asuntos urgentes a las horas de mis apacibles ratos de conversación con Jesús.
Recuerdo una mañana en que corría escaleras abajo ansioso de ponerme en camino, Pasé por el living  y noté que la puerta estaba abierta.
Mirando adentro, vi un fuego en la chimenea y Jesús estaba sentado allí. De repente pensé consternado:- Él es  mi huésped. ¡Yo lo invité a entrar en mi corazón! Él ha venido como mi Salvador y Amigo, y sin embargo, lo estoy desatendiendo.
Me detuve, me volví y entré vacilante. Con los ojos bajos le dije: -Señor, perdóname. ¿Has estado aquí todas estas mañanas?
Sí, contestó-. Te dije que estaría aquí cada mañana para encontrarme contigo. Recuerda, te amo. Te he redimido a un gran costo. Para mí tu comunión es muy valiosa. Aunque no puedas mantener este tiempo apacible por tu propio bien, hazlo por el Mío.
La verdad de que Cristo desea mi compañerismo, que Él desea que yo esté con Él y me espera, ha hecho más para transformar mis ratos apacibles con Dios que ningún otro hecho aislado. No permitas que Cristo espere sólo en el living de tu corazón, sino busca tiempo cada día, para que con tu Biblia y en oración, puedas estar junto a Él.
El taller
          Al poco tiempo me preguntó: -¿Tienes un taller en tu casa?
          Afuera en el garage de mi casa del corazón yo tenía un banco de trabajo y algún equipo, pero no estaba haciendo mucho allí. De cuando en cuando jugueteaba por allí con unos pocos cachivaches, pero no hacía nada importante.
          Lo llevé hasta allí. Inspeccionó el banco de trabajo y dijo:-Bueno, está muy bien equipado. ¿Qué estás haciendo con tu vida para el Reino de Dios?
          Miró uno o dos juguetitos que yo había tirado juntos en el banco y levantó uno preguntando: - ¿Es ésta la clase de cosa que estás haciendo por otros en tu vida cristiana?
          -Bueno, Señor.-respondí-. Sé que no es mucho, y de veras me gustaría hacer más, pero después de todo, no parece que yo tenga la fuerza o la habilidad para hacer más.
          -¿Te gustaría tener mejores resultados?-preguntó.
-       Por supuesto –repliqué.
-       Está bien. Dame tus manos. Ahora descansa en Mí y permite que Mi
Espíritu obre a través de ti. Sé que eres inexperto, desmañado y torpe, pero el Espíritu Santo es el  Maestro Obrero, y si Él controla tus manos y tu corazón, Él obrará a través de ti.
          Poniendo Sus grandes y fuertes manos bajo las mías, sostuvo las herramientas en sus hábiles dedos y empezó a obrar a través de mí.  Mientras más descansaba y confiaba en Él, más era capaz Él de hacer con mi vida.

El salón de recreación
          Me preguntó si tenía un salón de recreación donde iba a divertirme y confraternizar. Yo abrigaba la esperanza de que Él no me preguntara por eso. Había ciertas actividades y asociaciones que quería mantener aparte para mí solo. Una noche cuando salía de la casa con algunos amigos, me detuvo con una mirada y preguntó: -¿Vas a salir?
          Le contesté: - Sí.
          -Bien –dijo- , me gustaría ir contigo.
          -Oh –contesté torpemente-. No creo que te divertirías a donde vamos. Salgamos mañana por la noche. Mañana por la noche iremos a un estudio bíblico en la iglesia, pero esta noche tengo otra cita.
          - Lo siento – dijo -. Pensé que cuando vine a tu hogar íbamos  a hacerlo todo juntos, a ser compañeros íntimos. Sólo quiero que sepas que estoy dispuesto a ir contigo.
          - Bueno –musité, escurriéndome afuera de la puerta-, iremos a alguna parte juntos mañana por la noche.
          Aquella velada pasé horas miserables. Me sentía envilecido. ¿Qué clase de amigo era yo para Jesús, dejándolo deliberadamente fuera de mi vida, haciendo cosas y yendo a lugares que yo sabía muy bien que Él desaprobaría?
          Cuando regresé aquella noche, había luz en su habitación, y subí para hablar con Él. Le dije: -Señor, he aprendido mi lección. Sé ahora que no puedo pasar un buen rato sin Ti. De ahora en adelante, lo haremos todo juntos.
          Entonces fuimos al salón de recreación de la casa. Él lo transformó. Trajo nuevos amigos, nuevo entusiasmo, nuevos goces. La risa y la música han estado resonando por toda la casa desde entonces. 

El armario del pasillo

          Un día me lo encontré esperándome en la puerta. En sus ojos había una mirada impresionante. Cuando entré, me dijo: -Hay un olor peculiar en la casa. Debe haber algo muerto por ahí. Es en la planta alta. Pienso que es en el armario del pasillo.
          Tan pronto dijo eso, supe de lo que estaba hablando.Había un pequeño armario de pared en el descanso del pasillo. De sólo unos pocos centímetros. En aquel armario, tras cerrojo con llave, tenía una o dos cositas personales de las que yo no quería que nadie supiera. Sobre todo, no quería que Cristo las viera. Yo sabía que eran cosas muertas que se pudrían, que habían quedado de mi vieja vida. Las quería mantener tan en secreto, que tenía miedo de admitir que estaban allí.
          De mala gana subí con Él, y mientras subíamos las escaleras el hedor se hacía más y más fuerte. Él señaló la puerta. Yo estaba enojado. Esa es la única forma en que puedo describirlo. Le había dado acceso a la biblioteca, el comedor, el living, el taller, el salón de recreación, y ahora me estaba preguntando acerca de un armario de treinta centímetros por veinte. Dije para mí: -Esto es demasiado. No le daré la llave.
          - Bueno – dijo Él, leyéndome el pensamiento- , si piensas que voy a permanecer aquí en el segundo piso con éste olor, estás equivocado. Me voy afuera al portal.
          Entonces vi cómo empezaba a bajar las escaleras.
          Cuando uno llega a conocer y amar a Cristo, lo peor que puede sucederle es sentir que Él retira su confraternidad. Tuve que darme por vencido, y le dije con tristeza:
          - Te daré la llave del armario, pero tendrás que abrirlo y limpiarlo tú. Yo no tengo fuerzas para hacerlo.
          - Dame la llave –contestó-. Autorízame a ocuparme del armario y lo haré.
          Le entregué la llave con manos temblorosas. La tomó, se dirigió a la puerta, la abrió, entró, tomó toda la porquería que se pudría allí  y la tiró lejos. Entonces limpió el armario y lo pintó. Todo estaba listo en un minuto.¡ Oh qué victoria y liberación ver fuera de mi vida todo aquello muerto !   
     

Transfiriendo el título


          Me vino un pensamiento: - Señor, ¿hay alguna oportunidad de que te hagas cargo de la administración de toda la casa y de operarla en mi lugar como hiciste con el armario? ¿Aceptarías la responsabilidad de mantener mi vida como debería ser?
          Se le iluminó el rostro cuando respondió: - ¡Me encantaría! Eso es lo que deseo hacer. No puedes ser un cristiano victorioso con tus propias fuerzas . Déjame que lo haga a través de ti y por ti. Así es como se hace. Esa es la manera. Pero –añadió- , Yo sólo soy un huésped. No tengo autoridad para proceder, puesto que la propiedad no es mía.
          Cayendo de rodillas, le dije: - Señor, tu has sido el huésped y yo el anfitrión. Desde ahora en adelante yo seré el sirviente. Tú serás el dueño y Señor.
          Corriendo lo más aprisa que pude hasta la caja fuerte, saqué el título de propiedad de la casa que la describía en detalle. Ansiosamente la firmé a favor de Él solo por toda la eternidad. – Aquí tienes –le dije-, todo lo que soy y tengo, para siempre. Ahora puedes administrar la casa. Me quedaré contigo sólo como siervo y amigo.
          Las cosas han cambiado desde que Jesucristo se ha establecido y ha hecho su hogar en mi corazón.



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