Tomado de: Gabriel García Märuez
LuisSN
Por María Lozano
El sol invernal entra despacio por la ventana. El aire fresco de esta mañana sin nieblas invita a quedarse unos minutos más junto al calor del hogar. El crepitar de los leños acompaña al aroma del desayuno y forma parte de ese instante en el que la vida parece detenerse para recordarnos lo esencial.La Palabra de hoy nos propone una pregunta que no siempre es cómoda: ¿qué ocupa el primer lugar en nuestro corazón?.
Sin dudas, aquello que ponemos por encima de todo termina guiando nuestras decisiones, nuestros esfuerzos y también nuestros miedos.
Muchas veces creemos que seguir el camino del bien debería librarnos de las dificultades.
Sin embargo, la vida enseña otra cosa.
Todos cargamos alguna cruz: una preocupación por un hijo, una enfermedad, una ausencia, una incertidumbre o un sueño que tarda en llegar.
La diferencia no está en evitar esas cargas,
sino en elegir no perder la esperanza mientras las llevamos..También hay un detalle hermoso en la Palabra de hoy.
Un simple vaso de agua ofrecido con amor no pasa desapercibido.
Los grandes cambios no siempre nacen de gestos extraordinarios; con frecuencia comienzan en una palabra oportuna, una visita, un abrazo sincero, una mesa compartida o una mano tendida cuando alguien más lo necesita.
Quizá este domingo no nos pida hacer algo inmenso.
Tal vez solo nos invite a ordenar el corazón, a volver a lo verdaderamente importante y a descubrir que la esperanza sigue creciendo, incluso en los inviernos de la vida.
Quien pone el amor, la fe y el bien en el centro de su vida descubre que ninguna carga es eterna y que, aun en los días fríos, siempre hay un nuevo amanecer esperando.
Buen domingo.
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