Un golpe mortal a la duda

Tomado de: reflexiones cristianas (David Wilkerson)
Por María Lozano

Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.”(Santiago 1:6-7).
Muchos cristianos se sientan en la casa de Dios y murmuran y se quejan, como si Dios no los oyera. Pero Dios escucha nuestras murmuraciones: acusaciones de que no se preocupa por nosotros o insinuaciones de que nos ha decepcionado.
Dios me advirtió que no diera voz a la duda perturbadora ni al temor al contarle a mi esposa, amigos o colegas. Me dijo que llevara esas dudas a él y le pidiera que sane mi incredulidad.
Israel pasó cuarenta años en confusión y había mucha murmuración, quejas, celos y amargura. ¡Qué miserable existencia llevaban los israelitas siendo que decían ser los hijos de Dios!
Debes llegar a al lugar donde aprendes a confiar en Él. Cuando hagas esto, le habrás dado un golpe mortal a toda duda, temor e incredulidad.
¿Por dónde comenzar? ¡Primero, mira directamente al espejo de la Palabra de Dios! Considera tus acciones durante los últimos treinta días: ¿Te has estado quejando? Puede que respondas: “Bueno, me he quejado un poco, pero no me he quejado en contra de Dios”. ¡Oh, sí, lo has hecho! No importa quién haya escuchado tus quejas, estaban dirigidas a Dios.
En toda la Biblia leo: “¡Confía en mí y te ayudaré a través de todo! Encomiéndame tus caminos”. ¿Qué requiere eso? Simplemente que te quedes quieto y veas la salvación del Señor. Puede que preguntes: “¿Pero, qué pasa si nada sucede?” Esa respuesta en sí revela duda y miedo.
Amado, vuélvete a Dios y dile que eliges confiar en Él y esperar su victoria. Deja que Dios te convierta en un testimonio para el mundo, una prueba de su fidelidad. Ámalo con todo tu corazón ahora mismo y entrégale todos sus problemas, toda tu fe, y toda tu confianza a Él.

No pierda el tiempo preguntándose"

Tomado de: Devocional cristiano
por María Lozano



Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
(Efesios 5:17)
Pero no necesitan perder el tiempo andando por ahí perplejos. Necesitan tomar sus Biblias y entender cuál sea la voluntad de Dios.ato que ha sido firmado con la sangre de Jesucristo.
Piénselo de esta manera. Su Biblia es la última voluntad y testamento de Jesucristo. Es un registro de la herencia que le pertenece a usted. Todo lo que es suyo ha sido registrado en ese Libro, y si usted es inteligente, escudriñará lo que hay en ella. No la deje sobre la mesa para que luego no tenga que clamar: “¡Oh, Dios! ¡Oh , Dios! Estoy buscando la verdad” .
Tome la Biblia y busque en ella lo que usted le pertenece. Dese cuenta de lo que necesita hacer para estar en conformidad con la voluntad de Dios.
Algunas personas no hacen eso. Al contrario, tratan de cambiar a Dios. Siguen tratando de convences a Dios de cuán pobres son. Rogarán, suplicarán y adulterarán a Dios y actuarán siempre como si tuvieran que cambiar, de algún modo, el parecer de Dios cerca de la situación. Esas personas se van a quedar esperando por mucho tiempo.
Dios nunca va a cambiar. La Biblia dice que Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Su voluntad también lo es. Así que no pierda su tiempo preguntándose si está orando conforme a la voluntad de Dios. Tome el Libro y base sus oraciones en este. Entonces podrá estar seguro de que la respuesta está en camino.

Abandona tu lucha

Tomado de: David Wilkerson
Por María Lozano

"Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba” (1 Pedro 2:23).
Una asombrosa verdad relacionada con el sufrimiento de Cristo es que nunca se defendió contra quienes lo maltrataron. No castigó a nadie y jamás tomó represalias de ninguna forma.
¡Qué diferente de nosotros! Cuando nuestro sufrimiento se vuelve insoportable, nos defendemos, protegiendo nuestros derechos y reputación. A veces incluso amenazamos a Dios sin siquiera saber lo que estamos haciendo. Pero cuando nuestras oraciones no son respondidas o el desastre nos golpea y parece que el Señor nos ha decepcionado, nos alejamos de Él. Cuando tenemos dolor o nos sentimos solos y tristes, empezamos a decaer. Nos volvemos flojos en nuestra lectura de la Biblia y nuestra oración y nuestra fe se empiezan a adormecer y apagar.
Cada vez que dejamos de buscar al Señor de todo nuestro corazón, lo estamos amenazando. De cierta manera le estamos diciendo: “Señor, hice lo mejor que pude y tú me decepcionaste”. Él nos ama tanto y tiene infinita paciencia con nosotros aún cuando estemos dolidos. Nos espera amorosamente hasta que volvamos a su cuidado tierno.
Debemos tener cuidado de no permitir que nuestras actitudes nos alejen de Él. Si nos negamos a despertar y renovar nuestra fe y esperanza en Él, podemos desilusionarnos tanto que cedamos a nuestras concupiscencias y pasiones. Decimos: “¿De qué sirve? Lo intento con tanta fuerza pero parece que no puedo permanecer en victoria. Clamo a Dios por ayuda y liberación, pero nunca sucede nada”.
Cuando nos permitimos hacer esto, estamos amenazando a Dios. Es nuestra manera de “desquitarnos” con Él por no contestar la oración en nuestro tiempo.
Sólo el Señor es nuestro guardador y no permitirá que sus hijos caigan. Hagamos lo que Cristo hizo cuando “encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). Encomendar significa poner tu vida completamente en Sus manos.
¡Amados, hay esperanza! ¡Abandona tu lucha de querer lograr algo en tu propia fuerza y encomienda el cuidado de tu cuerpo y alma al Señor de los ejércitos!

Tu tranquila confianza

Tomado de: David Wilkerson (Januar,27,2017)
Por María Lozano

“Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”(Jeremías 17:7-8).
Vemos en el versículo ocho que el que confía en Dios durante tiempos difíciles está “plantado”. Está profundamente arraigado, es estable y fructífero y siempre reverdece con vida fresca. Cuando las cosas en su vida se vuelven áridas y problemáticas, no tendrá miedo.
Esta persona dice: “Jesús, renuncio a mirar a alguna persona para salir de esta prueba. ¡Me vuelvo hacia ti solamente! Tú eres mi único guardador, mi única esperanza y vuelvo mi mirada a ti para mantenerme fuerte y sacarme en victoria”.
El Señor desea este tipo de fe de nosotros en nuestra vida cotidiana. Puedes decir: “Pero, hermano David, todavía estoy sin trabajo y las cosas están muy difíciles”. Sin embargo, tengo que creer lo que leemos en la Palabra de Dios: “Confía en mí y serás bendecido”.
Puede que respondas: “Pero no sé lo que voy a hacer. La tormenta sopla fuerte a mi alrededor y parece que no hay esperanza. No veo ninguna señal de ayuda o liberación”. Y en todo esto Dios todavía dice: “Confía en mi, hijo mio, y serás bendecido”.
Tu prueba puede ser con tu familia, tu negocio o tu provisión. Pero si continúas confiando totalmente en su palabra y su fidelidad, Dios promete bendecirte. ¡Y Él no puede mentir!

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