Tomado de: Amor propio
Por María Lozano
Dedicaste media vida a cuidar, a guiar y a sacrificarte. Fuiste manos que alimentaron, pies que corrieron y corazón que perdonó todo por amor a tus hijos. Pero hoy, quizás sientes un vacío porque ellos ya volaron, porque tienen sus propias vidas o porque a veces olvidan llamarte. No te sientas triste; ese era el propósito: que ellos fueran libres y fuertes gracias a ti. 

Tu misión como madre o padre cambió, pero tu valor sigue siendo inmenso. No te quedes esperando sentada a que ellos te den la felicidad; búscala tú en las cosas pequeñas que antes no podías hacer. Inscríbete en ese curso, viaja, sal con amigas, cultiva tu jardín. No eres una carga, eres una raíz sabia que ya cumplió con dar sombra y ahora merece disfrutar del sol. 
.


Comparte esta reflexión con otras madres y padres que necesiten este abrazo al alma y sígueme. Gracias por tu entrega.
No hay comentarios:
Publicar un comentario