Tomado de: 5 Minutos de Pensamientos y Reflexiones
Por María Lozano
Tengo 62 años — y no, no pienso renunciar a mi independencia. No estoy buscando a alguien de quien tenga que hacerme cargo. No quiero llenar vacíos ajenos ni sacrificar mi propia paz.¿Cercanía? No es mi prioridad. ¿Dramas? Ya tuve suficientes para toda una vida.
Crié a mis hijos. Di, amé, protegí. Y todavía llevo dentro cicatrices de heridas que nunca sanaron del todo. No necesito agregar nuevas.
Llevo catorce años sola. Por decisión propia. En calma. Completa. Y nunca antes me había sentido tan fuerte, tan centrada, tan en equilibrio conmigo misma. No necesito etiquetas ni lástima. No necesito que el mundo sienta pena por una mujer que eligió la soledad. Porque esto no es vacío — es plenitud. Es libertad. Es claridad. Es tener el control de mi propia vida.
No quiero que me “domestiquen”. No necesito que me “rescaten”. Mi fuerza está aquí, en el derecho de vivir a mi manera: sin permisos, sin expectativas, sin necesidad de aprobación.
Envejecer no es una derrota. Es un logro. Es volver a una misma después de un camino largo de lucha — y poder decir por fin:
“Llegué. Estoy aquí. Me pertenezco”..Y si eso incomoda a alguien — está bien. Yo no nací para agradar. Nací para ser auténtica. Y hoy — más que nunca.
Camino ligera, pero dejo huellas profundas. No necesito que me entiendan. Me basta con el respeto.
Quien quiera entrar en mi vida debe saberlo: aquí se entra descalzo — y con el corazón abierto en las manos.
Porque a esta mujer no se le puede comprar. No se le puede engañar. No se le puede romper. A esta mujer solo se le puede respetar.

Anna Kiryanova
No hay comentarios:
Publicar un comentario