Un LLamado de la Comunión en la Roca

 Tomado de: Alfonso De Caro

Por María Lozano

Padre Celestial, gracias por tu llamado a permanecer en la comunión de la Roca, porque ahí restauras mi diseño original. Hoy me presento ante Ti, no por mis méritos, sino como tu linaje escogido en Cristo Jesús. Líbrame de la voz del orgullo y hazme estar atento a tu Palabra. Que mi vida entera sea un sacrificio vivo para mostrar tu luz y anunciar tu amor. Amén
Lee la Palabra de Dios “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” 1 Pedro 2:9. Reflexiona Las historias de orgullo del pueblo de Judá, del rey Saúl y de Judas Iscariote, actúan como una advertencia solemne para la iglesia actual: un cristiano gobernado por el orgullo, que ofrece “sacrificios” visibles pero vive en la hendidura del mundo, sin comunión real y sin guardar la Palabra de Jesús, se vuelve espiritualmente inútil. No tiene impacto en la sociedad porque su vida no refleja el carácter de Cristo. El quebrantamiento en la Roca nunca es el punto final, sino el punto de partida para una verdadera vida, la vida de Cristo en nosotros. Jesús lo enseñó en Juan 12:24: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Dios permite que nuestra autosuficiencia se “pudra” en la hendidura de Cristo, para poder recrearnos desde la comunión íntima del Espíritu Santo. Al salir de ese proceso de disciplina apoyados únicamente en su Gracia, recuperamos nuestro valor sacerdotal y volvemos a cumplir el glorioso anhelo de Dios revelado en Jeremías 13:11a: estar ceñidos a Él para serle “por pueblo y por fama, por alabanza y por honra”. El orgullo nos impide escuchar la dirección del Padre y nos conduce a vivir de manera independiente y alejados de la voluntad del Señor. Dios nos diseñó para ser su morada, para vivir abrazados a su presencia, pero la obstinación nos desvía del camino. No permitamos que el orgullo nos aleje de Dios, pues su anhelo es que estemos ceñidos a Él, en la Roca. No le temamos al quebrantamiento divino. Dejemos que en la Roca, que es Cristo Jesús, muera hoy toda altivez. Rindámonos voluntariamente a su amorosa disciplina y digámosle como Pedro: “Señor, no solo mis pies, sino también las manos y la cabeza”. Permitamos que el Espíritu Santo nos limpie, sane nuestro oído y nos una estrechamente al corazón de nuestro Salvador. Que hoy volvamos a ser esa morada santa, un linaje escogido, un real sacerdocio que camina en la luz de su Palabra, anunciando con cada acto las virtudes de Aquel que nos rescató de las tinieblas y nos trasladó a su Reino. TU TURNO LLEGARÁ Porque yo sé los planes que tengo acerca de ustedes, dice el SEÑOR, planes de bienestar y no de mal, para darles porvenir y esperanza. (Jeremías 29:11) Vivimos en un mundo donde la prisa y la ansiedad nos hacen cuestionar el tiempo de Dios en nuestras vidas. A veces miramos a nuestro alrededor y vemos a amigos, familiares y conocidos logrando sus metas y sueños, mientras nosotros parecemos estar estancados. Sin embargo, es crucial recordar que Dios tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros. Jeremías 29:11 nos recuerda que los pensamientos de Dios hacia nosotros son de paz y esperanza. Él tiene un propósito específico y un momento adecuado para cada evento de nuestras vidas. Cuando nos sentimos impacientes o desanimados, debemos confiar en que el Señor tiene el control y él sabe lo que es mejor para nosotros.. A menudo, el período de espera es un tiempo de preparación. Dios puede estar moldeando nuestro carácter, fortaleciendo nuestra fe y enseñándonos lecciones valiosas que necesitaremos en el futuro. Al igual que un granjero espera pacientemente la cosecha después de plantar la semilla, debemos aprender a confiar esperando el tiempo de Dios. Es importante mantener viva la fe y la esperanza, sabiendo que nuestro momento llegará. Sigamos buscando a Dios, orando y siguiendo sus mandamientos. A su debido tiempo, él nos conducirá al destino que nos ha preparado. Recuerda que tu turno llegará. Dios es fiel y sus promesas nunca fallan. Confía en él y espera con paciencia, porque grandes cosas vienen para los que esperan en el Señor. Espera en el Señor, tu turno llegará Confía en el tiempo de Dios, sabiendo que él tiene un plan perfecto. Aprovecha el período de espera para crecer espiritualmente y fortalecer tu fe. Mantente en oración constante y sigue los mandamientos de Dios diariamente. Por favor ora conmigo Señor mi Dios, te doy gracias por tu fidelidad y tus planes perfectos. Ayúdame a confiar en tu tiempo y a ser paciente mientras espero. Fortalece mi fe y forma mi carácter según tu voluntad. Que pueda permanecer en constante oración, siguiendo tus mandamientos. Sé que llegará mi turno, porque tus promesas nunca fallan. En el nombre de Jesús, amén.









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