Tomado de: Alfonso De Caro
Por María Lozano
Lea: Hechos 16:25-40Después de haberlos azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardara con seguridad. El cual, al recibir esta orden, los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. (Hechos 16:23-26)
No hay nada inusual sobre la ocurrencia de un terremoto en esta región. Hasta hoy en día, los terremotos son frecuentes en el norte de Macedonia. El terremoto era algo natural; pero el momento en el que ocurrió era sobrenatural. Dios desató el terremoto justo en el momento preciso y liberó a Pablo, Silas y los otros prisioneros. El aspecto más dramático de esta historia, de hecho, no es el terremoto. Es leer que Pablo y Silas cantaban himnos al Señor en medio de la noche. ¡Alguien ha dicho que el evangelio entró en Europa por medio de un concierto sagrado que tuvo tanto éxito que derrumbó la cárcel!
¡Imagínate esto, hombres presos alabando al Señor! Ese es el significado de la palabra “orando” utilizada aquí. No estaban pidiendo nada; estaban alabando al Señor cantando himnos. Y ellos tampoco estaban fingiendo al alabar, como queriendo mostrando que eran muy espirituales. Sus espaldas decían otra cosa. Estaban sangrantes y en carne viva, y sus cuerpos estaban cubiertos de heridas. Sus almas cargadas por haber sufrido una gran injusticia, pero no exhibían ninguna lástima de sí mismos ni resentimiento hacia sus agresores. Se estaban enfrentando a una situación de incertidumbre agonizante. No sabían que este terremoto liberador venía en camino como un "de repente del Señor". Pero estos hombres a pesar de sus circunstancias, a la media noche comenzaron a alabar a Dios y a cantar himnos. No sé qué es lo que cantaron. Sé tal vez, lo que yo podría haber cantado: “Salva Señor a los condenados injustamente; cuida de tus hijos agonizantes”. Pero conociendo el testimonio del apóstol y su carácter, creo que estaban cantando: “¡Cuán grande es Él!”. Evidentemente cantaron porque podían ver cosas que nosotros, en nuestra condición pobre y ciega, raramente vemos. Estos eran hombres de fe genuina. Cuando veas lo que ellos dijeron, tu pregunta ya no será: “¿Por qué cantaron?”, sino “¿Qué otra cosa más podían hacer sino cantar?”-.Lo primero que comprendieron fue que el enemigo tenía pánico. Estaban conscientes de que estaban en una batalla espiritual. Pero estaban deleitados al comprender en sus espíritus que el enemigo tenía pánico y había recurrido a la violencia. Eso siempre significa que ya no le queda ningún recurso. Ya había utilizado todos sus recursos, y no le queda nada más por hacer. Sabían que habían ganado. Lo segundo que comprendieron era que el Señor, en Su poder de resurrección, estaba obrando en medio de la situación. El poder de la resurrección de Jesucristo no puede ser detenido. Todos los intentos de oponerse a Él, o de colocar un obstáculo en su camino inmarcesible, son invertidos en su efecto y utilizados como oportunidades para avanzar en la misión. Pablo y Silas sabían esto, así que estaban seguros que habían ganado. Lo tercer que comprendieron es que el sufrimiento es totalmente necesario para la madurez del cristiano. Nunca crecerás, nunca serás lo que Dios quiere que seas, a menos que experimentes alguna forma de sufrimiento. Cuando aprendas eso, entonces dejarás de quejarte y lamentarte de tus situaciones, y al sufrir algún evento aflictivo, comenzarás a regocijarte porque en algún momento vendrá el "de repente del Señor" para ti y habrás conocido más de cerca el corazón de Dios.
Que poderosa visión espiritual tuvieron Pablo y Silas: Vieron que el enemigo había sido derrotado, que la obra había sido establecida y que ellos personalmente se habían beneficiado. Y Dios estaba tan emocionado por esto que dijo: “No me puedo mantener quieto. ¡Voy a sacudir este sitio un poco!”. Se agradó el corazón del Señor el ver a estos hombres actuar de esta forma. Y la prisión fue abierta.
Padre, enséñame la perspectiva que Pablo y sus amigos tenían, para que me pueda regocijar en mis sufrimientos futuros, sabiendo que Tú los utilizarás para que yo crezca y madure.
Aplicación a la vida
¿Nos producen nuestras dificultades, que son comparativamente mínimas, el sentir pena de nosotros mismos, o alabamos al Señor en todo tiempo? ¿Estamos espiritualmente equipados para experimentar persecución severa y/o las dificultades inevitables de la vida y seguir dando gracias al Señor?
Te bendigo en el nombre de Jesucristo. Un fuerte abrazo y recuerda que cuando algo te hace sufrir, es porque aquello quiere sacar lo mejor de ti. El Señor siempre está cerca.


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