Tomado de: Guillermo Rosales Medellín
Por María Lozano
Aída Medellín, una niña de 6 años, que viniera a
iluminar nuestras vidas hacía precisamente 6 años y
6 días y, que pasaba sus días más felices al lado de su
Abuelo -dicho por ella misma- ElijahOkello de
origen latino pero de nombre africano. Aída, con su
corta edad de 4 años, ya sabía leer y escribir, lo hacía
a la perfección, se pasaba el día entero leyendo, leía
y leía, era una niña que le gustaba repetir versos,
párrafos de novelas, de cuentos y, eso para sus
padres no era muy natural, pensaban que no era muy
común que una niña de su edad hiciera eso. Era de
esos días para salir de paseo, con un clima otoñal, sin
frío, ni mucho calor, temperatura templada, ella
había heredado el gusto de la escritura por el abuelo,
le leía cuentos muy a menudo y así, fue despertando
su interés.
Aída tenía una talega que quería mucho porque
su abuelo se la había regalado, de cuero y con
herrajes dorados, en la parte posterior tenia grabado
su nombre en letras grandes, en ella cabían muy bien
sus útiles escolares. La tomó del escritorio y sacó su
cuadernillo y un cálamo, enseguida corrió a
esconderse detrás de la puerta de su habitación,
comenzó a escribir, se le dificultaba mucho hacerlo
por la incomodidad del lugar, al momento de estar
escribiendo interrumpía su redacción, por miedo a
que sus padres la sorprendieran, era tanto su temor de
que la atraparan. Cada vez que se abría o cerraba una
puerta de la casa se aterraba, se imaginaba a su
mamá o papá salir de la ducha. Con su cuadernillo
apoyado a la pared y su cálamo no podía escribir por
la inclinación del mismo y las interrupciones de las
puertas. Aída, escuchó de nuevo abrirse una puerta,
soltó su cuadernillo y mantuvo por unos instantes su
cálamo y, escondiendo las manos por su espalda se
dispuso a salir. Era su turno de la ducha, fue como si
se le hubiera aparecido el mismísimo demonio, en
seguida escuchó la voz de su madre llamándola.
Aída, dejó sus útiles debajo de las cajas de zapatos
de su madre y salió corriendo como si la persiguiese
alguien, como si la hubiesen encontrado infraganti,
su corazón se había agitado tanto, que se le quería
salir..