ÚNICO EN SU CLASE

Tomado de: Gracia para todo momento
Max lucado
Por María Lozano





 Tú formaste mis entrañas:
tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Salmo 139:11


En mi ropero cuelga un suéter que rara vez uso. Es demasiado pequeño. Debería deshacerme de ese suéter…pero el amor no me lo permite.
Es producto de la expresión de amor de una madre devota. Cada hebra fue escogida con cuidado.
Cada hilo seleccionado con afecto. Es valioso no por su función, sino por su creadora.
Eso debe haber sido lo que el salmista tenía en mente cuando escribió  “tú me hiciste en el vientre de mi madre”
Piensa en esas palabras. Fuiste tejido como una sola pieza. No eres un accidente, ni fuiste producido en masa. No eres producto de una línea de montaje.
Fuiste planeado deliberadamente, específicamente dotado y colocado amorosamente en esta tierra por el Maestro Artesano. En un sistema que mide el valor de un ser humano por las cifras de su salario o la forma de sus piernas…déjame decirte algo:¡El plan de Jesús es para regocijarse!

El Aplauso del Cielo

Dios, El Origen de toda la Creación

Tomado de:Maná para cada día (devocionales para aprender a orar)
 Por María Lozano



“Pero buscad primero su reino y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas”
(Mateo 6:33).


Para que los milagros se produzcan en nuestra vida, primero debemos creer que Dios es el origen de toda la creación.
Aunque estamos viviendo en la tierra, debemos saber que nuestro origen está en el cielo. Está escrito en la Biblia: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”(Mateo 4:4).
Debemos darnos cuenta profundamente de que Dios creó todas las cosas, y que las respuestas a la oración vienen de Él, quien es el origen de nuestra vida. Confirmar este hecho es el primer paso para experimentar milagros,
David, quien recibió bendiciones especiales de Dios, fue uno de los que experimentó muchos milagros. Él confesó en el Salmo 23:1: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”…
No dijo: “Puesto que vivo por el ingreso de mi prado, el prado es mi pastor”.. Como sabía que Dios era el origen de toda la creación y que las respuestas a sus oraciones venían solo del Señor, confiadamente confesaba que Dios era su pastor. Sobre la base de esta confesión de fe, Dios, el origen de toda la creación, se convirtió en el pastor de David, y este experimentó muchos milagros en su vida.

UN TOQUE DIVINO

Tomado de: Gracia para todo momento
Max Lucado
Por María Lozano





 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo:
Quiero, sé limpio.
(Mateo 8:3)

Oh, el poder de un toque divino. ¿Lo has conocido? El doctor que te atendió, o el maestro que enjugó tus lágrimas? ¿Hubo una mano que sostuvo la tuya durante el funeral? ¿O sentiste una mano en el hombro durante el juicio? ¿Un estrechón de manos de bienvenida en un nuevo empleo?
¿Podemos nosotros ofrecer lo mismo?

Muchos ya lo hacen. Algunos tienen el toque maestro del Médico mismo. Usan las manos, escriben cartas, marcan números de teléfono, hornean pasteles. Has aprendido el poder de un toque.
Pero algunos tendemos a olvidar. Nuestro corazón es bueno, es la memoria la que es mala.
Olvidamos cuán significativo puede ser un toque.
¿No nos alegramos de que Jesús no cometió el mismo error?

Como Jesús.  


LA NORMA

Tomado de: Gracia para todo momento
Max Lucado
Por María Lozano


En esa voluntad somos santificados mediante la
ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez
para siempre.
(Hebreos 10:10).


Solo los santos verán a Dios. La santidad es un requisito para el cielo. La perfección es un requisito para la eternidad. Desearíamos que no fuese así. Nos comportamos como si no lo fuera. Nuestro comportamiento parece indicar que los que son “decentes” verán a Dios. Nos comportamos como si fuésemos buenos mientras que no hagamos nada malo. Y como si esa bondad bastara para darnos la entrada al cielo.
Esto nos parece bien, pero a Dios no. Y Él es quien establece las normas. La norma es elevada.
“Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. (Mateo 5:48).
Como has de saber, en el plan de Dios. Él es la norma de la perfección. No nos comparemos con otros; ellos están tan errados como nosotros. La meta es ser como Él; cualquier cosa inferior a esa meta es inadecuada.

Todavía Remueve Piedras   

LA CONFESIÓN GENERA PAZ

Tomado de: Gracia para todo momento
Max Lucado
Por María Lozano








Bienaventurado aquél cuya trasgresión ha sido perdonada.
Salmo 32:1


Si ya somos perdonados, ¿por qué Jesús nos enseña a orar “perdona nuestras deudas”
Por la misma razón que desearía que tus hijos hicieran lo mismo. Si mis hijos violan una de mis normas o desobedecen una regla, yo no los repudio. Ni los echo de la casa ni les digo que se cambien el apellido. Pero espero que sean sinceros y se disculpen. Y hasta que lo hagan, la ternura de nuestras relaciones sufrirá.
La naturaleza de nuestras relaciones no será alterada, pero si su intimidad.
Lo mismo sucede en nuestro caminar con Dios. La confesión no establece relaciones con Dios, sencillamente las nutre. Si eres creyente, el que reconozcas tu pecado no altera tu posición ante Dios, sino que realza tu paz con Dios.

La Gran  Casa de Dios.   

UNA VIDA CRISTIANA PODEROSA

Tomado de: Maná para cada día (Devocionales para aprender a orar)
Por María Lozano






“Todos fueron llenos del Espíritu Santo”
(Hechos 2:4)

Cuando nacemos de nuevo por creer en Cristo, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros. Sin embargo, no significa que nuestra vida de fe se  vuelva poderosa. Si un cristiano nacido de nuevo quiere recibir el poder de Dios y vivir una vida poderosa, entonces  debe ser lleno del Espíritu Santo. Este es el bautismo en el  Espíritu Santo.
Los discípulos fueron salvos y nacieron de nuevo antes de que Jesús fuera crucificado. Sin embargo, todavía no habían sido bautizados en el Espíritu Santo, y la autoridad de Dios no les  había sido dada. Por eso, todos huyeron cuando Jesús fue arrestado en el huerto de Getsemaní.
Cuando Jesús murió en la cruz, los discípulos quedaron solos. Pero Cristo resucitó al tercer día, luego se les apareció a ellos y les prometió lo siguiente: “Pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta  los confines de la tierra” (Hechos 1:8).
En otras palabras, cuando usted recibe al Espíritu Santo, es y será capaz de testificar de Cristo hasta los confines de la tierra, aun si eso significara la muerte. Por eso, Jesús ordenó a sus discípulos que no salieran de Jerusalén, hasta que recibieran al Espíritu Santo.
En el día de Pentecostés, de pronto, vino desde el cielo un sonido como de un viento recio que soplaba fuertemente y llenaba toda la casa en donde estaban sentados. Vieron lo que parecía ser lenguas de fuego que se separaban y posaban sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Cuando los discípulos recibieron el Espíritu Santo, ya no fueron más débiles, sino que se transformaron en soldados de fe. Pedro, quien había estado escondido, salió de su escondite y predicó valientemente el Evangelio. En ese día, se arrepintieron y creyeron tres mil personas. En el transcurso de trescientos años, la mayor parte de Europa llegó a ser cristiana.
Cuando nacemos de nuevo, nos  convertimos  en hijos de Dios. Pero no tenemos el poder para trabajar por Jesús hasta la muerte. Sin embargo, cuando somos llenos del Espíritu Santo, recibimos el poder de lo alto el cual sobrepasa el poder humano y llegamos a ser sabios y poderosos, de tal manera que podemos ayudar a  hermanos y hermanas que están a nuestro alrededor a ser lo suficientemente fuertes como para luchar contra el diablo.
Una vida cristiana poderosa y el bautismo en el Espíritu Santo son los dos requerimientos inseparables en la vida de fe.

ESCUCHA SU VOZ

Tomado de: Gracia para todo momento
Max Lucado
Por María Lozano





 No te desampararé, ni te dejaré
Hebreos 13.5

 Déjame decirte algo importante. Nunca habrá un momento en que Jesús no hable. Nunca. Nunca existirá un lugar en que Jesús no esté presente. Nunca. Nunca existirá una habitación tan oscura… una sala tan sensual… una oficina tan sofisticada… en que el siempre presente, siempre persuasivo y tierno empedernido Amigo no esté tocando suavemente a la puerta de nuestros corazones… en espera de que lo invitemos a pasar.
Pocos oyen su voz. Menos son los que abren la puerta.
Pero nunca interpretes nuestra insensibilidad como su ausencia. Porque en medio de las pasajeras  promesas del placer está la perdurable promesa de su presencia.
“He aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).
No hay coro que cante tan alto que no pueda escucharse la voz de Dios…Si nos decidimos a escuchar.


En el Ojo de la Tormenta..  

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